LOS MEJORES CUMPLEAÑOS

Los hijos de directivos celebraban sus fiestas en el Camp Nou jugando y estropeando el césped después de los partidos

Los hechos demuestran que el poder conduce a la autocomplacencia y al exceso cuando uno se sienta en un coliseo como el Camp Nou, exactamente en la silla principal del estadio, sintiéndose poco más o menos que una especie de emperador. Es verdad que la designación es democrática, pero también lo es que en el Barça no existen ni una comisión de control ni cosa parecida. De otro modo hechos como que los hijos del presidente Joan Laporta y de algunos directivos celebraran los cumpleaños el palco del Camp Nou hubieran sido abiertamente denunciados y reprobados.

Todo empezó en un Gamper, tras finalizar una tarde-noche de partido de verano, cuando, sorprendentemente, testigos presenciales ven aparecer sobre el terreno de juego niños de entre 8 y 12 años que venían de celebrar en el interior del palco el cumpleaños de uno de ellos. Como el homenajeado es el hijo del presidente Joan Laporta las recomendaciones de los empleados responsables del mantenimiento y cuidado del césped no se respetan. Nadie se siente con la autoridad suficiente para evitar la invasión.

El grupo de chavales fue ocupando terreno, jugando sobre la hierba, saltando y corriendo, tanto en las áreas como en los laterales y en el centro del campo bajo la preocupada vigilancia de la brigada de mantenimiento que, de forma cuidadosa y profesional, intentaba reparar palmo a palmo los desarreglos del césped tras el partido disputado por el Barça ante Boca Juniors unos minutos antes. Aunque la incidencia, nunca vista, se produjo una vez el público hubo abandonado las gradas del Camp Nou y finalizadas las ruedas de prensa en la zona mixta, cuando en el estadio apenas quedaban los operarios imprescindibles para la retirada de los elementos móviles de logística, tanto de funcionamiento del estadio como de cables y material para la retransmisión televisiva, alguien grabó en vídeo la escena y los detalles. Un vídeo de denuncia que dio vueltas por las redacciones sin que casi nadie se atreviera ni a comentarlo. La prensa fan de Laporta o sometida a Laporta siempre ha callado, igual que ahora por no perder los privilegios.

El caso es que el césped había sido estrenado unos días atrás frente al Wisla Cracovia polaco, en la ida de la previa de la Champions League. Estaba, por tanto, tierno, todavía sometido a cuidados intensivos a causa del fuerte calor estival y de los problemas endémicos del Camp Nou para mantener la hierba en perfecto estado.

Previamente se había detectado una primera ocupación del palco, ruidosa y alegre, por parte de una pequeña multitud infantil que a los pocos minutos desapareció para reproducirse primero de forma tímida y luego ya multitudinariamente más abajo en el túnel de salida de vestuarios al césped del Camp Nou.

La explicación, confirmada después, respondía al hecho de que la fiesta había empezado en el palco, tras el partido, con pastel, canapés y un generoso catering que, siguiendo instrucciones de la dirección general del club, no tenía más limite que el hambre de los invitados el palco. Es decir que se cocinaba y servía mientras hubiera apetito. Las veladas en el palco de esa época se volvieron interminables.
Las fiestas infantiles se reprodujeron durante bastante tiempo siempre con cargo a las cuentas del club y siempre con el mismo guión.  Los mayores divirtiéndose en la zona de palco y los niños abajo, pisando y correteando por el Camp Nou al mismo tiempo impidiendo lógicamente el trabajo de recuperación y cuidado del césped. ¿Dudas? Ninguna, porque siempre sonaba, estridente, el tradicional ‘cumpleaños feliz’. A menudo, además, cuando algún operario se cansaba de la interrupción y de la molestia, ponía en marcha los aspersores fallidamente porque en lugar de desalojar el terreno de juego los chavales aprovechaban para refrescarse y con sus partidillos, estropeando un poco más el sagrado terreno de juego.

Que se celebrasen las fiestas de cumpleaños de los hijos del presidente y de otros directivos no era el único privilegio. Cuando había presentaciones de jugadores, por ejemplo, los recién fichados habían de atender obligadamente a estos y a sus amigos para conseguir autógrafos mientras centenares de niños tenían que seguir los actos desde la grada sin posibilidad ninguna de conseguir estar cerca de algún crack.

De las fiestas de los mayores en el Camp Nou, fuera en día de partido o no existe constancia también aunque no visual, claro.

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