‘Let them eat tweets’

¿A quién representa Donald Trump?¿A las y los estadounidenses blancos olvidados por la globalización o al 1% de la población que acumula más riqueza que toda la clase media junta? Son algunas de las preguntas que se hacen Jacob Hacker y Paul Pierson en su libro Let them eat tweets. How the right rules in an age of extreme inequality (Alimentémosles con tuits. Cómo la derecha gobierna en la era de la extrema desigualdad), en el que explican los extravagantes comportamientos de Trump y sus constantes polémicas en redes sociales como una estrategia planificada para mantener el foco de la ciudadanía alejado de aquello que realmente les afecta: la extrema desigualdad que se vive en el país más rico del mundo.

El espectáculo vivido esta semana en el Capitolio, con una turba de personajes esperpénticos arrasando el Congreso, esparciendo sus heces por los pasillos vestidos con lanzas y cuernos, hace difícil no pensar en que el reinado de Trump no está relacionado con una maquinaria política eficaz que intenta mantener distraída a la ciudadanía. ¿A quién benefician estas imágenes?¿A la ciudadanía estadounidense afectada por la desigualdad y los efectos de la globalización o a una minoría de personas que se benefician del actual modelo económico para consolidar esa misma desigualdad?

En Let them eat tweets, Hacker y Pierson hacen un repaso de las políticas económicas impulsadas en los últimos años por la administración Trump, entre ellas los enormes recortes de impuestos a las grandes corporaciones, y muestran cómo éstas han beneficiado a una pequeña élite económica. También se adentran en las últimas cuatro décadas y constatan cómo desde principios de los 80’, cuando la desigualdad comenzó a dispararse en los Estados Unidos, se ha producido un fenómeno en el que han ido de la mano la liberalización de los mercados y la constante reducción impositiva con las maniobras para avivar la tensión racial y la indignación pero también para aumentar la desinformación que ha alcanzado sus cotas más altas en los periodos electorales con las campañas masivas de fake news.

Lo que nos vienen a decir Hacker y Pierson es que en lugar de dar respuesta a los desafíos reales que enfrenta la población blanca que ha visto deteriorarse sus condiciones de vida, las políticas de Donald Trump, pero también las del Partido Republicano de las últimas décadas, han ofrecido división y distracción. Han animado de manera ostensible la bilis más racista y xenófoba de una parte de la ciudadanía cuya expresión patente sería la cuenta de Twitter del todavía presidente de los Estados Unidos.

Así, mientras Trump y la extrema derecha se han dedicado a alimentar a la turba con tuits inyectados de odio y mentiras, el Partido Republicano ha recortado y destruido los programas sociales de las distintas administraciones federales y estatales canalizando la riqueza hacia el 0,1% de la población más adinerada. Las élites económicas y el populismo serían dos caras de una misma moneda. La de unas políticas que socavan la democracia para lograr unos objetivos que van en claro perjuicio no sólo del bienestar de la mayoría de la ciudadanía sino de aquellas mismas capas de población, la llamada “escoria blanca”, que dicen representar.

Lo que vimos esta semana en el Congreso sería, bajo esta perspectiva, la expresión más extrema de una estrategia eficaz con la que un partido político dominado por las personas más ricas y poderosas de la sociedad, y con una agenda claramente impopular para las capas más vulnerables, ha conseguido ganarse el apoyo del votante común avivando el resentimiento y el odio racial.

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