ESTE CLUB YA ES UNA RUINA

Alguien debe frenar su caída libre desde 2000: todos los mandatos acaban con pérdidas millonarias

La triste realidad es que el FC Barcelona necesita que las elecciones las gane un candidato con verdadero rigor y sentido común en la gestión. Resulta esencial, como ya viene afirmando y alertando algún candidato, que el próximo mandato no acabe en pérdidas como ha ocurrido irremediablemente desde el año 2000.

Aunque pueda resultar discutible que el mandato de Josep Maria Bartomeu no refleje pérdidas como tal, pues el golpe pandémico ha sido compensado con las ganancias acumuladas de años anteriores, es cierto que las dudas razonables se proyectan sobre los números más reales cuando se tienen en cuenta las cifras tan diferentes de la administración de Sandro Rosell (2010-2014) y las de Josep Maria Bartomeu (2015-2020), claramente controladas y diseñadas por equipos ejecutivos completamente diferentes.

También lo han sido los resultados. Con Rosell, incluyendo un primer ejercicio con pérdidas producidas por el deterioro del traspaso de Ibrahimovic, la media de beneficios fue de 28,25 millones de euros (40,6 sin esa incidencia) por 15,8 de Bartomeu, poco más que la mitad pese a haber se casi doblados los ingresos y haber obtenido un neto de 190 millones de euros de ganancia por la venta de Neymar y sin contar con las pérdidas de más de 90 millones provocadas por la pandemia. Si se hubiera tratado de dos mandatos separados, Rosell habría dejado 113 millones de patrimonio positivo y Bartomeu habría arrojado pérdidas. O dicho de otro modo, las ganancias del primero han soportado el impacto provocado por la COVID.19.

Igualmente, en términos de deuda, se ha vuelto a doblar en los últimos cuatro años hasta niveles insostenibles.

Si se echa la vista atrás, desde que Josep Lluís Núñez dejó en el año 2000, con un balance equilibrado y beneficios acumulados suficientes incluso para resistir de sobras los 80 millones de euros perdidos por Joan Gaspart y los más de 80 de Joan Laporta, a los que habrá que sumar unos 200 millones de pérdidas que le esperan al nuevo presidente debido a la caída de ingresos. No serán culpa de nadie, en principio, sólo de la pandemia, aunque resulta evidente que el Barça habría podido afrontar esta crisis de otro modo muy distinto sin una deuda asfixiante, con una facturación sin margen de beneficios y con una masa salarial de 630 millones de euros, insostenible.

La conclusión es que, con la excepción de los cuatro años de Sandro Rosell como presidente, los libros de cuentas del club están llenos de números rojos como resultado de una gestión gobernada por la irresponsabilidad de Joan Gaspart, los derroches, la buena vida y los negocios de Laporta y el descontrol de Josep Maria Bartomeu.

Va siendo hora, pues, de que el nuevo presidente se proponga evitar la caída libre de la economía del FC Barcelona, la reposición de los fondos propios y sea capaz de impedir lo que parece inevitable, y en cierto modo deseable por dos precandidatos en concreto, Víctor Font y Joan Laporta, que ya insinúan una salvación vía Sociedad Anónima. Ese es el peligro, porque que el Barça no resistirá otra gestión que no sea tan determinada, firme y ahorradora. Esto se hunde si alguien no lo evita.

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