«La gente que sale de las prisiones sigue teniendo un estigma»

Entrevista a Xavier Badia
Xavier Badia

Geógrafo. Profesor de secundaria, jubilado. Estuvo dos años dando clases en cárceles, y ahora es voluntario de prisiones de Justicia y Paz. Fue concejal en Igualada, trabajó en el área de paz y derechos humanos de la Generalitat durante el Tripartito, y forma parte de Federalistes d’Esquerres. Ha escrito, junto a Juli de Nadal, Roser García e Irene Monferrer Sortir de la presó: una aventura incerta.

Según reza el título, vuestro libro gira en torno a lo que ocurre no de puertas para adentro de la cárcel, sino cuando se deja ésta, tras haber cumplido una condena…

Somos voluntarios de una entidad cristiana, Justicia y Paz, que cuenta con unos 65 voluntarios, la mayoría de los cuales hacen actividades en la cárcel. En el año 2016, empezamos un programa para acompañar a las personas que salen de la cárcel, porque para las personas que no tienen red de apoyo familiar o social la reinserción es muy complicada. De ahí, lo de una "aventura incierta”. Hacemos como una mentoría, un emparejamiento de un voluntario con un interno. Lo visitamos en los últimos meses de cárcel para conocerse mutuamente y establecer un vínculo y después, durante unos meses, el voluntario acompaña al ex-preso en su aterrizaje fuera de la cárcel.

¿Qué resulta peor entrar, o salir de la cárcel?

Entrar en la cárcel muy complicado, supongo que desde el minuto cero. Pero salir también es complicado. A nosotros no nos gusta generalizar. Nos remitimos a cada situación concreta, a cada caso. La estancia en la cárcel depende mucho del delito por el que se entra, y también de si se dispone de apoyos familiares o sociales. La salida también está condicionada por esos apoyos. Nosotros acompañamos a las personas a quienes les falta este soporte que, o bien han hecho un proceso penitenciario fracasado, o a los que no tienen nadie a quien recurrir. Son en muchos casos personas con adicciones, con problemas de salud mental, desvinculadas social o familiarmente…. La situación a la salida de la cárcel depende mucho de que por que delito se ha entrado, de cómo se vive el proceso penitenciario y de las condiciones en que se encuentra al pisar la calle.

¿Más allá de vuestro voluntariado y de apoyos, digamos de iniciativa particular, existe algún sistema o programas de ayuda pública a los presos que han cumplido condena?

En algunos casos, sí. El sistema penitenciario de España y Cataluña fomenta la salida a la comunidad de forma gradual. A partir de un cumplimiento mínimo de la condena, hay un tratamiento (cursos, etc.), en el que si el recluso entra empieza a tener salidas programadas, un encadenamiento de permisos, salir a trabajar, si tiene opciones… Hay internos que por diversas razones no entran en esta vía. Generalmente, es con ellos con quienes nosotros trabajamos. La persona que accede a un tercer grado, normalmente es porque tiene apoyo familiar. Así, el tránsito suele ser suave. A los que nosotros acompañamos, son personas que han pasado 5 o 7 años en la cárcel sin haber pasado por una cadena de permisos y de ponto se encuentran en la calle. Y es cierto, que en general las instituciones se desentienden de esta gente. 

¿Y cómo es el sistema penitenciario? ¿Burocrático, anclado en el castigo…, o quizás justo, humanizado, tendente a mejorar?

El sistema penitenciario está pensado en función del interés del interno, y su evolución. Tenemos referentes, como es el caso de Holanda, que nos indican hacia dónde tenemos que ir. En España y Cataluña tenemos un índice de criminalidad relativamente bajo y, en cambio, un porcentaje de internos muy elevado. Esto quiere decir que hay muchas condenas que podrían ser cumplidas fuera de la cárcel, a través de otros mecanismos. Nosotros y la mayoría de las ONG’s, o de los profesionales que trabajan en las prisiones, pensamos que debe haber una disminución de las personas internas, de que hay muchas maneras de cumplir condenas sin pasar por la cárcel. Creo que hasta en la propia Administración hay señales de que esto tiene que ir por ahí. Pero todo esto es muy lento.

¿Y cuáles son los obstáculos para llevarlo a cabo?

Esto supone mayor inversión, dedicar recursos que ahora no existen, y por otro lado tomar conciencia por parte de la sociedad de que dar pasos en ese sentido supone una responsabilidad. Entre algunas de las cosas que pretende, nuestro libro trata de informar sobre un mundo desconocido, y ayuda a tomar conciencia de que el papel de la sociedad es mucho más importante de lo que aparenta a simple vista de cara a la reinserción. De hecho, pedimos al ex-preso que no reincida, pero no le alquilamos una habitación, ni le damos un trabajo. 

¿En tal sentido, no resulta sorprendente el silencio de los medios de comunicación sobre las cárceles y sus circunstancias, en contraste con los ríos de tinta que han discurrido, por ejemplo, con los presos del “procés”?

Resulta una paradoja que en Cataluña haya una mayor sensibilidad con el tema de las prisiones, como consecuencia del encarcelamiento de algunos líderes sociales y políticos y, en cambio se siga desconociendo la realidad de la gente que está en la cárcel que, en su inmensa mayoría, proceden de la marginalidad social. En tal sentido, hay que recordar que según el sitio donde nazcas tienes muchas más posibilidades de acabar en la cárcel. De alrededor de 8.000 presos que hay actualmente en Cataluña, la inmensa mayoría proceden de barrios y zonas marginales. El perfil empieza dibujarse en personas que abandonan la escuela en edades muy tempranas, que se engancha a la droga, con enfermedades mentales, procedentes de familias desestructuradas… El perfil dominante de los presos es hombre, relativamente joven, sin afecto, procedentes de familias rotas, que han vivido la violencia, con un nivel de estudios muy bajo.

¿Cómo es la vida material en las prisiones?

Las condiciones materiales de las cárceles son buenas. El problema está en el aislamiento, la falta de auto-estima, la pérdida del sentido de la realidad, la ausencia de conocimiento de lo que pasa en el mundo, la victimización… La gente con la que nosotros tratamos no tiene relación con nadie. Son personas completamente aisladas del mundo. Cosa que tiene unas secuelas afectivas, psicológicas, personales… El proceso de degradación psíquica y también física puede ser importante, sobre todo en largas condenas. 

¿La cárcel no es en definitiva una especie de colector social, al que va a parar personas con las cuales no se sabe bien que hacer, como es el caso de los locos?

Este es un problema muy grave. Hay gente con problemas de salud mental, que entra en la cárcel por haber cometido un delito, y quienes adquieren el problema como consecuencia de estar en la cárcel. También los hay por abusar de fármacos o drogas. Es evidente que el peor sitio para ser tratada una enfermedad mental es la cárcel. Esto sí que requiere una toma de conciencia social sobre la necesidad de dedicar recursos y medios a estas personas. 

¿Tiene nuestra realidad carcelaria algo que ver con las imágenes infernales de la vida en las prisiones que vemos en las películas?

Hay una gran distorsión entre la visión que tenemos del mundo de la cárcel con la realidad. Sigue imperando la idea de que el que está en la cárcel es malo y el que no es bueno. Estando en la cárcel, conociendo a los internos, se va tomando conciencia de que el hilo que separa el que está dentro del que está fuera es finísimo.

¿La población reclusa en Cataluña constituye un retrato social o están sobre-representadas en ellas colectivos como los emigrantes?

Creo recordar que, según algunas estadísticas, en las cárceles catalanas hay alrededor de un 55% de españoles. El resto son inmigrantes. Una parte de ellos procedentes de la Unión Europea, pero la inmensa mayoría son extra-comunitarios. Se puede también decir, que son mayoritariamente hombres. Las mujeres solo representan un 6%. A este propósito, cabe señalar que al salir de la cárcel las mujeres tienen un doble motivo de responsabilidad, de pérdida de confianza, que se deriva del hecho de haber cometido un delito y, fundamentalmente, por su papel como madres. 

¿Y cómo se vive todo esto a nivel personal, sensible, entre quienes hacéis de “ángeles de la guarda” de la gente al salir de la cárcel?

A mí, la cárcel me ha atrapado. El conocimiento, la relación con las personas… No es fácil, pero a la vez compensa mucho. Cuando vas a ver a alguien que va a abandonar la cárcel, hay que escuchar, dar ánimo, reír, estar al lado…, pero fuera hay que tener presente que se está tratando con una persona libre, adulta, cuyas decisiones y la responsabilidad de sus actos son de él. La gente que sale de las cárceles sigue teniendo un estigma.

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