Póngamos que hablo de…

Lamento repetirme pero no me lo puedo quitar de la cabeza. Llevamos unos cuántos días pendientes de la discusión que hay entre el gobierno español y el de la Comunidad de Madrid en torno a las medidas de seguridad se aplican para parar el ritmo de crecimiento de los contagios por la Covid-19. Frustra enormemente que una cuestión de vida y muerte (en este caso creo que la expresión es especialmente adecuada) se convierta en un pim pam pum de intereses políticos y electoralistas. En este caso no tengo ninguna duda de qué lado es el que está jugando sin ética: El del gobierno de la comunidad de Madrid y los partidos que le apoyan.

También es triste ver a los políticos, articulistas, tertulianos y creadores de opinión que, desde Catalunya, aprovechan la crisis madrileña para burlarse de España intentando dar la imagen de que aquello es un desastre y de que aquí estamos inmunizados contra situaciones políticas, sociales y sanitarias como la suya. Singularmente triste es ver como el ex-presidente de la Generalitat, Quim Torra, quiere hacerse el gracioso recriminando al presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, que participase en una cumbre en Portugal mientras aprueba el confinamiento de Madrid.

En la comunidad de Madrid han muerto unas setecientas personas en las últimas tres semanas por culpa de la Covid-19. En Catalunya, la mitad o una tercera parte. Las cifras bailan pero son terribles.

Nadie puede dar lecciones a nadie. Las que damos hoy a los que ofrecen las peores estadísticas de contagios, ingresos hospitalarios y mortalidad, nos las pueden dar a nosotros de aquí a cuatro días. Países que pasaban por ser los que mejor habían afrontado la pandemia experimentan ahora grandes incrementos en los contagios. Ciudades que se jactaban de aplicar pocas restricciones a sus ciudadanos, se afanan ahora a imponerles el uso obligatorio de la mascarilla o a recomendarles que salgan de casa lo menos posible.

Algunos eslóganes que tanto gustan a los amantes de la épica tienen que guardarse en el cajón. Es lamentable que Isabel Díaz Ayuso acabe su mensaje de protesta por el estado de alarma impuesto por el gobierno español con un llamamiento propagandístico: "Si no es libre, no será Madrid". A eslóganes como este ya estamos acostumbrados los catalanes que hemos vivido el proceso independentista de los últimos años. El último nos alecciona de que ante las próximas elecciones al Parlament, "ni derecha, ni izquierda: independencia". Lo que creo que toca ahora es "ni independencia, ni centralismo: juntos contra la pandemia".

Aquí, en Madrid, París, Bruselas, Washington, Nueva Delhi o Lima.

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