Niñas, violencia y Covid-19

Cada tres segundos, una niña de menos de 15 años es obligada a casarse en todo el mundo. Los matrimonios forzosos infantiles se han convertido en una de las expresiones más duras de la violencia de género y combatirla se ha hecho más difícil con la llegada de la Covid-19. A los 12 millones de matrimonios forzosos que se producen cada año, la pandemia sumará al menos medio millón que podrían convertirse en varios millones si no se toman medidas urgentes.

Hoy es el Día Internacional de la Niña y es un buen momento para recordar que la pandemia está haciendo crecer las violencias contra la infancia y una de las más graves es la que enfrentan las millones de niñas que son obligadas a casarse, muchas veces con hombres que les doblan o triplican en edad. Niñas que se ven obligadas a tener relaciones sexuales antes de tiempo y a ser legalmente violadas, que enfrentan embarazos que muchas veces les provocan la muerte porque sus cuerpos no están preparados para dar a luz. Niñas que ven interrumpida su infancia y la posibilidad de acceder a la educación y a una vida independiente.  

Hace unas semanas The Global Girlhood Report 2020: How COVID-19 is putting progress in peril, alertaba de cómo la pandemia está poniendo en peligro los avances logrados en la última década en el combate contra esta lacra y cómo la Covid-19 podría revertir hasta 25 años de progreso en la reducción en las tasas de matrimonios forzosos infantiles. El informe constataba cómo la crisis económica derivada de la emergencia sanitaria está empujando a la pobreza a millones de familias, obligando a las niñas a trabajar para sobrevivir, a dejar el colegio para buscar comida o agua o para cuidar de las personas dependientes.

Éste y otros informes constatan también que no es la única violencia de género que va en aumento. El tráfico de niñas con fines de explotación sexual también crece por la pobreza y dos millones más de niñas podrían ser víctimas de mutilación genital femenina en los próximos años porque la llegada de la pandemia ha paralizado los programas de salud sexual y reproductiva que la combatían.

La experiencia de las últimas crisis sanitarias, especialmente la del Ébola, revela que las mujeres y las niñas han sido las grandes perjudicadas. La interrupción del acceso a los programas de salud ha hecho crecer exponencialmente la mortalidad materna, sobre todo en las madres más jóvenes y en las adolescentes. Las niñas se han visto mucho más expuestas a enfermedades como la malaria y lo que es más grave, han tenido que abandonar el colegio en una proporción mucho más alta que los niños profundizado más la brecha educativa.

La ONU había fijado el año 2020, en que conmemoramos los 25 años de la Declaración de Beijing que estableció una agenda global para promover los derechos y el empoderamiento de las mujeres y las niñas, como el comienzo de un programa ambicioso para darles oportunidades. Si bien la situación de las niñas es mejor hoy que hace 25 años, es urgente impulsar acciones para que ellas formen parte de los cambios y participen en el diseño de las soluciones. Es urgente invertir en el desarrollo de sus habilidades para que puedan competir en el mercado laboral y mejorar su acceso a la salud, a la alimentación y a la educación. Poner fin a la violencia en todas sus formas es quizás el mayor desafío.

El Día Internacional de la Niña es un día no sólo para recordar las distintas formas de discriminación y violencia que tenemos más cercana sino aquellas que probablemente no nos tocarán. Es una jornada para movilizarse por las niñas que son violadas por los ejércitos en África, que han convertido esta práctica en un arma de guerra. Por las que son víctimas de violaciones terribles en la India que quedan en total impunidad porque la justicia patriarcal se resiste a ponerles freno. Por las niñas refugiadas que están expuestas a todo tipo de abusos por su situación de especial vulnerabilidad.

Es una lucha global que traspasa fronteras y que requiere más que nunca de la hermandad y la solidaridad que desprende la palabra sororidad.

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