14-F: la oportunidad de oro para cambiarlo todo

Ya hay fecha: el 14 de febrero. El día dedicado a los enamorados, con permiso de San Jorge y si la covid-19 no lo impide, los catalanes seremos llamados a las urnas para votar a nuestros representantes en el Parlamento que, a su vez, elegirán al nuevo presidente de la Generalitat.

Habrá que rogar a San Valentín para que nos ilumine y nos bendiga para que los catalanes votemos sabiamente el 14-F y que el próximo Gobierno refrendado democráticamente sea el de la paz, la reconciliación y el del trabajo. Después de ocho años de crispación y de caos, ya toca dejar atrás el largo luto por la muerte del pujolismo y concentrarnos en solucionar los graves problemas del día a día que sufre la sociedad catalana.

Intuyo que, en este sentido, la pandemia tendrá, paradójicamente, unos efectos benignos sobre la manera de entender y hacer política. Es tan increíble y tan traumática la vida que llevamos todos desde el pasado mes de marzo que, por fuerza, esto tendrá traslación en la orientación personal y colectiva del voto.

La gente está desconcertada, exhausta y desorientada. Sabemos, más que nunca, que solo nos tenemos los unos a los otros -hagamos la tarea que hagamos, tengamos la responsabilidad que tengamos- para salir de este pozo infernal. La economía ha quedado devastada y hay que afrontar, tan pronto como sea posible, la tarea de la reconstrucción, con la ayuda de los fondos de la UE.

Saldremos de la pandemia –no hay mal que cien años dure- con algunas lecciones aprendidas. La primera: la importancia crucial de la administración y de los servicios públicos (sanidad, educación, seguro de paro, pensiones…) a la hora de prevenir y de afrontar el futuro. Sin un sector público fuerte, la inmensa mayoría de la población está desprotegida y es más débil.

Segunda constatación: la razón de ser de los poderes públicos –ayuntamientos, consejos comarcales, diputaciones, Generalitat, Estado y Comisión Europea- es la coordinación y la colaboración en clave subsidiaria y federalista. Cada institución tiene que ejercer las competencias que le corresponden e interactuar armónicamente las unas con las otras, de manera constructiva y leal.

Tercera constatación: los esquemas políticos que conocíamos antes de la propagación de la covid-19 han quedado desbordados e invalidados por la realidad. Los populismos, el neoliberalismo, los nacionalismos identitarios… son recetas que suenan a broma de mal gusto ante una crisis sanitaria y social planetaria que ultrapasa fronteras, clases sociales y barreras de edad y que, directa o indirectamente, nos golpea a todos.

Solo el amor, la alegría, la solidaridad, la empatía, la tolerancia y el buen humor nos ayudarán a salir de este callejón sin salida. La pandemia ha puesto a la humanidad ante el espejo y nos ha hecho tomar conciencia que avanzamos con paso decidido hacia la destrucción de la Tierra y, en consecuencia, hacia nuestra autodestrucción.

La política que habrá que implementar, de ahora en adelante , es la de los grandes pactos. El cainismo partidista será absurdo y contraproducente para quien lo practique. La gestión y distribución de los recursos públicos, tarea fundamental de todos los gobiernos, se tendrá que hacer con gran responsabilidad, amplios consensos y transparencia.

En Cataluña hemos conocido y sufrido, en los últimos años, lo peor de la política (sectarismo, corrupción, omertá mediática, desgobierno, confrontación sistemática…). El 14-F es una oportunidad de oro para cambiar esta larguísima etapa de plomo y tinieblas, y convertirnos en el faro de la nueva civilización que llega.

Los propagadores del conflicto por el conflicto, los sembradores del veneno del odio en el cuerpo social, los profetas del “cuanto peor, mejor” tienen que ser aislados y castigados democráticamente en las urnas. En Cataluña, todos –independentistas y no independentistas- hemos sufrido mucho, demasiado, por culpa del “proceso”. Es prioritario y urgente cambiar de paradigma y trabajar decididamente para lograr la reconciliación y recuperar el espíritu de avanzar juntos para construir un país mejor.

Esta es la diferencia sustancial entre la Asamblea de Cataluña que se creó en las postrimerías del franquismo y la Asamblea Nacional Catalana que ha querido quitarle el nombre, pero que ha sido un colosal enredo y una estafa que nos ha llevado a la debacle colectiva. Esta es la gran mentira de quienes se han apoderado del nombre Juntos x Cataluña, con el ex presidente Carles Puigdemont al frente, pero que, a la práctica, fomentan la desunión y el enfrentamiento civil.

El 14-F, los catalanes nos tenemos que deshacer de los residuos del pujolismo. No podremos imaginar ni conquistar la nueva Cataluña si los puigdemontistas –y todo aquello que representan- no son barridos, definitivamente, de la historia de nuestro país. Este es el sentido último y capital de las próximas elecciones.

Una sociedad no se gobierna con el 50% + 1 de los votos. Esto significa plantar un campo de minas y, a la larga, ir hacia un aborrecible sistema de marginación y punición de las minorías, étnicas o lingüísticas. En el siglo XXI, y en tiempo de pandemia, se tiene que gobernar para todo el mundo y con el apoyo de amplias mayorías, cuanto más plurales y transversales, mejor.

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