La guerra de Jorge y Jordi

Al igual que Jordi Pujol y su familia -que él persiguió por tierra, mar y aire, hasta conseguir que fueran ‘empurados’-, Jorge Fernández Díaz también ha acabado imputado por la Audiencia Nacional. Si el sumario del clan Pujol lo instruye el magistrado José de la Mata, titular del Juzgado n. 5, el de la Operación Kitchen -en el cual está imputado el ex ministro del Interior con Mariano Rajoy- está en manos del juez Manuel García Castellón, del Juzgado n. 6.

De este modo, las trayectorias de Jordi Pujol y de Jorge Fernández Díaz se vuelven a cruzar. Ahora, en los despachos de la Audiencia Nacional. Pero hace muchos años, ambos políticos también habían coincidido y entonces eran muy buenos amigos, como puede certificar Miquel Roca Junyent.

Fue durante la primera legislatura del Parlamento de Cataluña, cuando Jordi Pujol fue elegido presidente de la Generalitat, con el apoyo de la ERC de Heribert Barrera… y de la UCD de Adolfo Suárez, partido del cual Jorge Fernández Díaz era un peso pesado en Barcelona. Los unía su animadversión epidérmica a los socialistas y los dos se ayudaron, y se aprovecharon, para impedir que las izquierdas llegaran al Palacio de la plaza de Sant Jaume.

Pero la vida da muchas vueltas. Jorge Fernández Díaz fue a parar al PP y en 1991 se le apareció Dios en un hotel de Las Vegas, convirtiéndose, desde entonces, en un ultracatólico de misa diaria, que se creyó que tenía como misión “salvar España”. Por su parte, Jordi Pujol cayó en el barro de la corrupción y la erótica del poder le subió a la cabeza, creyéndose el “redentor de la Cataluña milenaria”.

Tarde o temprano, el choque entre Jorge y Jordi tenía que llegar. Y fue en 2012, cuando Convergència Democràtica puso la directa hacia la independencia, después de la imputación de Oriol Pujol, el heredero dinástico, por el caso de las ITV.

Jorge Fernández Díaz soltó a sus “lobos” de la “policía patriótica” para cazar a los Pujol y encontrar sus cuentas escondidas en Andorra. Creía que, de este modo, cortaría el cuello de la hidra independentista.

Para conseguirlo, no le tembló el pulso para ordenar que se “reventara” la Banca Privada de Andorra (BPA), movilizando el departamento del Tesoro de los Estados Unidos y el Gobierno del Principado. Pero la investigación judicial ha demostrado que en la BPA los Pujol solo tenían las migajas de su fortuna y que el tesoro estaba escondido… ¡en el Andbank!

La historia de Cataluña de estos últimos ocho años ha sido la de la guerra sucia y subterránea entre dos antiguos aliados: Jorge Fernández Díaz y Jordi Pujol. Primero, Jorge Fernández Díaz se cargó a Jordi Pujol y ahora él es víctima de la “lobada” que amamantó y engordó en las cloacas del ministerio del Interior.

El gran drama de los catalanes, y, en especial, de la izquierda, es que hemos dejado que la Generalitat se convirtiera, durante décadas, en una cueva de corrupción, sin capacidad ni empuje para hacerle frente, combatirla y desmantelarla. Que Jorge Fernández Díaz y su impresentable “policía patriótica” (Eugenio Pino, José Ángel Fuentes Gago, José Manuel Villarejo, Marcelino Martín Blas…) hayan sido los que, empleando métodos mafiosos, han desmontado el pujolismo, es un fracaso colectivo sin paliativos.

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