Con la escoba boca abajo…

Una vieja creencia dice que si tienes invitados en casa y quieres que se vayan, tienes que poner una escoba del revés, y lo harán. Hace días que giré la escoba de casa a ver si el presidente Quim Torra se iba. No tengo nada contra él, al contrario, pienso que no es un mal tipo, pero siempre he pensado que el cargo y las circunstancias le venían grande. Parece que alguien más ha girado la escoba porque, si no hay milagro, lo inhabilitan y deberá abandonar la presidencia. No pedía tanto, la verdad. Es más, condenarle por una pancarta me parece desproporcionado, si no ridículo. Pero, de un tiempo a esta parte, ¿qué es proporcionado y serio en este país? Por la misma razón, tampoco compro la épica del gesto; si quieres ser mártir, tienes que apuntar más alto.

Mi idea era que Torra convocara elecciones comme il faut. De hecho, él mismo apuntó la posibilidad cuando dio por agotado el mandato. Pero, según narran expertos torristes, en la última estancia en Colliure, y ante la tumba de Machado, el expresidente Carles Puigdemont le habría hecho cambiar de idea. El amerenc necesita tiempo para solidificar su nuevo invento, Junts; además, busca el desgaste de una Esquerra embarrada en la gestión de la pandemia -a más tiempo, más desgaste. Abro paréntesis: hace gracia que Junts per Catalunya reclame aún la unidad de acción a ERC tras romper con el PDECat –Consejos vendo y para mí no tengo. Así, sea por a o por b, las elecciones las convocará el Supremo.

Por otra parte, da la sensación de que a Torra cada día le hace más gracia esto de ser presidente. El blanenc asumió el encargo presidencial de Puigdemont con espíritu vicarial, pero cada vez se le ve más metido en el papel. Como en las películas, Torra ha hecho de Puigdemont en las escenas de riesgo, pero ahora parece reivindicar un papel principal. Hace poco, sin ir más lejos, impulsó una crisis de gobierno para sacudirse los críticos, ganándose incluso la antipatía del expresidente Artur Mas. Parece que hayan pasado décadas cuando el heredero de Jordi Pujol dio el paso al lado empujado por la CUP, cediéndole el puesto al entonces alcalde de Girona. ¿Quién nos iba a decir que Puigdemont acabaría renegando del padre …?

Ahora, Torra se agarra a la presidencia como un náufrago a la madera y utiliza de excusa la pandemia, que acaba sirviendo para todo y para nada. A pesar del maldito coronavirus, Cataluña necesita elecciones. En poco tiempo han pasado demasiadas cosas y sería bueno que nos volviéramos a contar. La provisionalidad de Torra no puede eternizarse. La escoba está boca abajo.

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