¿El fin de las playas nudistas?

En Catalunya, las Baleares y toda la costa del litoral mediterráneo hay o había muchas playas y calas dónde desde finales de los años setenta se practica nudismo. Práctica que se fue extendiendo y para algunos forma parte de una filosofía de vivir, para otros una cuestión de simple sentido común. Del mismo modo que cuando te duchas no lo haces con ropa interior, tampoco tiene sentido bañarte en el mar y tomar el sol con un prenda de ropa.

En Catalunya y las Baleares se popularizó la práctica del nudismo en un momento en que la presión turística y la ocupación de las playas era menor a la de los últimos años. El nudismo se normalizó en muchas calas, a menudo más apartadas y parte de muchas playas largas gracias a turistas extranjeros, sobre todo nórdicos y alemanes, países en los que hay una práctica habitual del baño desnudo en colectividad en saunas, lagos y ríos. Y también gracias a muchos jóvenes de aquí considerados hippies y a seguidoras de ideas ecologistas, libertarias y de la izquierda menos ortodoxa. En la Costa Brava se implantó en calas más apartadas o en tramos más alejados de los aparcamientos de las playas largas. Y tanto en Menorca como en Ibiza y en Formentera se extendió por toda la isla. Y afortunadamente el nudismo se popularizó entre mucha gente de todos los sectores e ideologías.

Las playas nudistas ya no eran sólo las más alejadas del casco urbano o aquellas en las que tenías que andar un buen rato. A veces, playas muy concurridas eran nudistas a partir de una determinada roca que hacía de separación que unos y otros respetaban. Y era normal que muchos practicantes del nudismo iban acompañados de personas que no lo hacían. Quiero decir que no pasaba nada si había alguien en bañador con un grupo de nudistas, a menudo adolescentes o algún familiar vergonzoso. Y en muchos municipios los ayuntamientos lo señalizaron, e incluso las policías municipales podían hacer de vez en cuando un servicio para echar a los mirones ocasionales.

En las playas nudistas también se daban tres hechos vinculados al gran respeto con que se practica. Habitualmente son o eran mucho más tranquilas, aunque estuvieran muy concurridas. Es o era habitual ver desnudas a mujeres con mucha obesidad que se bañaban y tomaban el sol sin ropa, sin sentirse enjuiciadas ni criticadas, con un respeto que quizás no sentirían si iban en bikini a la playa llamada textil. Y también había muchos homosexuales desnudos que se podían abrazar dentro del agua o darse un beso estirados en la toalla con la misma normalidad que lo hacían las parejas heterosexuales, sin tener que oir reproches como que no se hicieran besos allá porque había niños.

Pero si la masificación y las barcas fue arrinconando y eliminando el nudismo en gran parte de Menorca, la sustitución en Formentera del turismo alemán y nórdico por el italiano, expulsó esta práctica en un par de veranos. No quiero decir que no hubiera italianos que hacían nudismo, pero era una tipología de turista que habitualmente iba en familia o sin buscar un rebaño al que juntarse al llegar el primer día al hotel.

La escena en Formentera era esta. En una cala de unos cien metros de largo había una veintena de personas, la mayoría desnudas o los nudistas en una banda y los textiles en la otra. Y llegaban en poco tiempo a media mañana una treintena de parejas italianas en moto, que muchos de ellos se acababan de conocer en el hotel y habían acordado ir en grupo a aquella playa. Los hombres todos con bañadores largos, y las mujeres todas en bikini, sin hacer ninguna de ellas ni siquiera topless. Llegaban con un gran griterío, empezaban a jugar a pelota molestando, algunos llevaban aparatos de música, y si iban hombres sólos no tenían ningún problema para ponerse junto a mujeres que hacían nudismo. Y, poco a poco unos nudistas se iban hacia las rocas, otros se ponían el bañador y muchas mujeres la parte de abajo del bikini.

Como el nudismo era una práctica que crecía en Catalunya y además atraía a un tipo de turista tranquilo y respetuoso, en muchas localidades catalanas, a menudo a petición de los usuarios locales, se impulsó que hubiera alguna playa nudista señalizada en el municipio. En Barcelona en 1997 el Ayuntamiento creó una playa nudista en la Mar Bella, levantando una duna con vegetación que separara visualmente el paseo de la gente que se bañaba y tomaba el solo desnuda, y resultó ser un éxito. Pero siete años más tarde el consistorio tomó un decisión que dio una estocada de muerte a aquella playa urbana como zona nudista. Confundiendo el hecho de que entre los nudistas hay usuarios gays que hacen nudismo sin sentirse criticados, otorgó la concesión del chiringuito de aquella playa a un bar de ambiente gay que pasó a formar parte del circuito gay internacional de Barcelona. Y de golpe y porrazo la playa fue invadida cada día por centenares de homosexuales masculinos extranjeros con bañador de última tendencia, que iban allí como lugar para conocer gente. Y pasó de ser una playa de hombres y mujeres, también familias y niños que hacían nudismo, a ser una playa casi exclusiva de hombres, la mayoría gays y con bañador "mirando si me miras".

Pero la estocada que están viviendo ahora las playas de tradición nudista, es que mientras hace diez o treinta años se respetaban, quiero decir que no eran ocupadas por familias, parejas y grupos de jóvenes no nudistas, desde hace unos cuatro o cinco años playas históricamente nudistas, como la cala de Illa Roja en Begur y Palss, la Cala Bona o Waikiki en Tarragona y buena parte de las playas nudistas de la Costa Brava y todo el litoral catalán, a pesar de estar indicadas como playas nudistas, están siendo ocupadas masivamente por grupos, familias y personas y grupos que llegan en barca que no hacen ni nudismo ni topless. Y este año con la Covid-19, la situación ha empeorado. No han venido los turistas extranjeros que sí hacían nudismo e iban a aquel playas a hacerlo, y tampoco han venido los turistas europeos que no hacen nudismo y por tradición cultural acostumbran a respetar las indicaciones. Y si no pensaban hacer nudismo no iban a las playas señalizadas nudistas. Y se ha dado el hecho que muchas de las playas señalizadas nudistas han sido invadidas masivamente por familias autóctonas y grupos de jóvenes que no hacen ni nudismo ni topless.

Esta problemática tiene una difícil solución dado que mientras sí se puede sancionar a quien se baña desnudo en una playa no nudista, no hay ningún marco legal para prohibir ir en bañador a una playa nudista. El Síndic de Greuges, Rafael Ribó, después de estudiar la problemática a petición de las asociaciones naturistas, pidió a los ayuntamientos que señalen y rotulen más claramente las playas nudistas. Pero con esto no hay suficiente, porque para muchas familias, grupos de jóvenes y de homosexuales masculinos que no hacen nudismo, mola mucho ir en grupo a las playas nudistas. Y un servidor que hace nudismo, sintiendo comentarios de grupos familiares y de grupos de hombres gays que no hacen nudismo, sobre "aquella gorda en bolas con la barriga colgando", sobre aquellos "que van depilados" o sobre aquellos "que no van depilados", añoro aquellos dos o tres mirones autóctonos de edad avanzada o inmigrantes que se ponían en las rocas del fondo a mirar, y te hacían pensar que la especie humana, con los años y con más educación, evolucionaba.

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