La marcha de Messi no es imposible

El jugador y su entorno tienen decidido salir del Barça y Bartomeu podría acceder a un traspaso si Koeman se lo pide porque no lo ve motivado
Leo Messi
Leo Messi

La continuidad de Leo Messi en el FC Barcelona hace falta encararlo desde la firme voluntad del jugador y de su entorno de dejar el Camp Nou lo más pronto posible. Así lo ha comunicado el delantero argentino a quien tiene que saberlo incluido el nuevo entrenador Ronald Koeman, con quien se entrevistó la semana pasada, mano a mano, sin testigos ni más altos cargos que pudieran filtrar u ofrecer versiones de una conversación tan trascendente. Sólo un medio, RAC1, informó del presunto contenido de una cumbre donde Messi le habría transmitido dudas personales sobre si seguir o no al club.

De salida, sin embargo, la posición del argentino es mucho más rotunda que este aparente titubeo. Más allá de la versión edulcorada, la verdad es que Messi no desea continuar defendiendo la camiseta azulgrana en la que sería su última temporada de contrato 2020-21, después de la cual se convertiría en agente libre pudiendo negociar su futuro en otro club y cobrar una atractiva prima de fichaje.

Lo que no queda claro, pero, es como se resuelve este desafío, puesto que la postura no determina, en ningún caso, la fórmula de esta salida en las próximas semanas a menos que alguien pague una cláusula de 700 millones de euros o el Barça acceda a venderlo por una cantidad asequible para un comprador dispuesto, además, a sostener una ficha que no bajaría de los 60 o 70 millones por temporada. Imposible a primera vista.

Parece un callejón sin salida en el que Leo se ha metido voluntariamente, según la versión más creíble de su entorno, porque no comparte la política deportiva de los últimos años ni el teórico proyecto bajo la dirección de Ronald Koeman incluso antes de conocerlo en ese mano a mano con el técnico holandés.

Koeman tiene parte de la posible solución si convence a la figura argentina de que las cosas sobre el campo y al vestuario cambiarán lo bastante como para asegurarle competitividad, protagonismo, liderazgo y suficiente oxígeno y fondo físico para impedir otro 8-2 como pasó ante el Bayern por asfixia e impotencia física de todo el equipo.

También Koeman puede asumir y trasladar a la directiva su propio enfoque del caso si considera que no ve a Messi motivado ni con el compromiso suficiente para capitanear la revolución que viene, también táctica con este 4-2-3-1 que el entrenador holandés tiene en la cabeza para sacar provecho del lujo de disponer de dos jugadores como Sergio Busquets y Frenkie de Jong para el doble pívote. En este supuesto, sería Koeman quién le pediría a Josep Maria Bartomeu resolver por la vía rápida la salida de jugador.

Una forma que incluiría por parte de Messi un papel clave si, abierta y honestamente, explica que considera finalizada su etapa en el Barça y, por supuesto, acepta irse a un rival que no esté entre el top 5 europeo. La afición podría entender, entonces, los beneficios de un traspaso bastante por debajo de la cláusula atendiendo al hecho de que le queda un año de contrato. Esta circunstancia que aparentemente condiciona tanto su salida también puede justificar un arreglo que deje a la tesorería azulgrana una enorme cantidad de dinero, tan necesaria en los tiempos que corren.

La directiva, por su parte, lo contempla si se dan estos factores. Un desenlace del que ya se habló en Lisboa a las pocas horas de encajar la derrota contra el Bayern como una forma de visualizar también este fin de ciclo indiscutiblemente asociado a la historia azulgrana del mejor jugador de todos los tiempos. Las fricciones que hayan podido surgir en el pasado, bastante importantes como para haber suspendido las negociaciones para la renovación de Leo, también forman parte de la preparación de este escenario de futuro sin Messi colgando las botas en el Camp Nou.

Por otro lado, si de lo que se trata por parte de Messi es de aplicar una política de castigo a Josep Maria Bartomeu hasta forzar su dimisión por desgaste y por la presión del entorno, el presidente ya se ha avanzado dejando en manos del entrenador y del mismo Messi la negociación y las reglas de juego de esta partida. Bartomeu, cómo ha quedado claro, ya no está expuesto a este cruce; él se puede permitir el lujo de autorizar el traspaso de Messi porque seguramente es el único presidente con las manos libres para hacerlo, incluso con la obligación de ejecutarlo si la alternativa es firmarle ahora un contrato fuera de las posibilidades reales desde el punto de vista financiero y económico. Un lastre demasiado incómodo y envenenado para la próxima directiva.

Finalmente, incluso los que gritan desde la oposición que Messi no se puede ir del Barça acusando a Bartomeu de no haberle dado un ecosistema apropiado para evitar su adiós, saben y reconocen que el final de Leo en el Camp Nou está próximo y que el propio barcelonismo asume la necesidad real que la transición pendiente pasa por afrontar el paso definitivo de dejar atrás la era Messi. La afición es consciente de que el Barça no ha escatimado un euro, al contrario, para mantenerlo a él y a sus compañeros preferidos vestidos de azulgrana. El problema es que el 8-2 de la Champions ha abierto todos los horizontes reales por encima de la demagogia. Todo es posible.

Ahora mandan Koeman y, más que nunca, el mismo Messi que, por su parte, quiere irse. Y ningún club ha podido retener nunca a un futbolista que no se siendo a gusto.

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