Charnegos agradecidos

Pocas figuras son más gratas al nacionalismo nostrat que la del charnego agradecido, este inmigrante suficientemente espabilado como para descubrir que nunca será visto como un igual por parte de los burguesitos y burguesitas que le dan trabajo, y recurre al servilismo, tan apreciado por el paternalismo patrio, para poder prosperar socialmente. Un personaje que identificamos con gente llegada de Murcia o de Andalucía, pero los tiempos cambian y la inmigración también.

Hoy un charnego agradecido podría ser perfectamente de Marruecos o de Ecuador. Y si no que le pregunten al consejero de Trabajo, Asuntos Sociales y Familia de la Generalitat de Catalunya, Chakir El Homrani, un chico de ascendencia marroquí criado en el barrio de Mas Sauró, en medio de los bosques de Collserola, que llegó a ser secretario de organización de Avalot -las juventudes de UGT- durando algún tiempo y que reapareció como concejal en Granollers antes de hacer su salto al estrellato como miembro del Gobierno de la Generalitat.

Nadie ha oído hablar mucho a este consejero de Trabajo y sindicalista durante la crisis de Nissan, el ERE más grande de la historia de este país y un peligrosísimo paso hacia la desindustrialización de Catalunya, cerrada con un acuerdo que no puede esconder la pérdida de decenas de miles de puestos de trabajo. Tampoco habló en exceso cuando la covid-19 empezó a contagiar a los temporeros que recogían fruta en Lleida a causa, entre otras cosas, de las nefastas condiciones laborales que él era, y es, responsable de evitar. Tampoco dio las explicaciones imprescindibles cuando la pandemia puso de manifiesto la lamentable situación de las residencias de ancianos catalanas y también calló cuando Quim Torra le retiró las competencias en este ámbito.

El Homrani ha destacado por su silencio cuando el gobierno de que forma parte ha decidido retirar las becas comedor durante el verano a los alumnos más necesitados. Becas que a menudo garantizaban una comida caliente al día a muchos niños en esta estupendísima Dinamarca del Sur que disfruta de un índice de pobreza infantil que este año podría llegar al 35,6%.

Seria, sin embargo, injusto decir que ante la pobreza endémica de país El Homrami no haya hecho nada. Ha presentado un recurso de inconstitucionalidad contra la Ley del Ingreso Mínimo Vital para garantizar, dice, que los recursos destinados a Catalunya se repartan desde la Generalitat.

Es lo que tienen los charnegos agradecidos. Callan y son serviles ante las gracias del amo al que siempre servirán fielmente. Al fin y al cabo, esto es lo único que se les pide.

Bien mirad,o el silencio ha acabado siendo muy productivo, no sólo para el consejero El Homrani, sino para la UGT, un sindicato que se dice de clase, pero que parece tener en propiedad el departamento de Trabajo y Asuntos Sociales, al menos desde que Artur Mas y su autodenominado gobierno de los mejores se lanzaron a destruir todo aquello que oliese a protección social.

Entonces la consejera ugetista era Neus Munté, quién obtuvo como recompensa por su silencio ante los recortes salvajes perpetrados por su gobierno un ascenso a la vicepresidencia de la Generalitat, la consejería de la Presidencia e, incluso, podría haber encabezado la lista del partido antes denominado Convergència a las últimas elecciones municipales por Barcelona si sus compañeros hubieran sido un poco respetuosos con los resultados de sus propias primarias.

También pertenece a la UGT Dolors Bassa, hoy en la prisión por su mala cabeza y por, según dice la sentencia, haber utilizado fondos de su departamento, en principio destinados a hacer más pasable la vida de las capas más desfavorecidas de la sociedad catalana, a financiar el pseudoreferéndum del 1 O.

Visto con una cierta perspectiva, parece que la UGT ha sido el tercero en concordia de todos los gobiernos procesistas. Su presencia, podría haber sido una oportunidad de construir un país algo más justo, a pesar de que más bien parece que se ha dejado domesticar a cambio de una consejería fija y unos cuántos sueldos, quizás sin ser del todo consciente que su silencio continuado ante las atrocidades sociales de los últimos gobiernos de la Generalitat, desprotege a los trabajadores y ha convertido este sindicato en cómplice de la degradación política, económica, social y moral en que se encuentra inmersa Catalunya.

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