Cultura catalana o muy catalanísima

Hace un par de días, sentado a la sombrita de un chiringuito en la Catalunya interior, se me sentaron muy cerca una pareja de hombres, posiblemente padre e hijo, aunque podrían ser abuelo y nieto. Vestían los atuendos propios de los cazadores: pantalones caqui, camisa de camuflaje, gorrita paramilitar. ¿Los cazadores son militares de segundo orden, personas que soñaron matar hombres pero deben conformarse con matar cerdos salvajes por culpa de un destino ladino e indescifrable?. Uno de ellos era muy joven, jovencísimo, y se comía un helado de chocolate mientras el mayor le contaba anécdotas y sorbía, despacio pero constante, un tercio de cerveza. Como las anécdotas de un cazador me interesan entre poco y nada porque las temo zafias o lamentables, no les presté atención ninguna. Pero de repente algo alertó mi oído: las anécdotas versaban sobre la otra afición de los dos hombres. Pertenecían a un grupo de trabucaires, esa gente que se pasean por las fiestas mayores disfrazados de carlistas con barretina, disparando unos trabucos que solo lanzan salvas, sin plomo. Aunque desearían el plomo, sin duda, y en el plomo deben soñar en esas noches de verano que preceden a los otoños calientes e insomnes del nacionalismo.

El hombre mayor ilustraba al joven: el alcalde la ciudad de X no nos quiso dar dinero a los trabucaires, así que recurrimos al del pueblo de Y, que nos dio un dinerito y nos cedió un local para los ensayos (los ensayos de los trabucaires, ¿cómo deben ser? ¿ensayan coreografías de humo y petardos?). Ahora, cuando el alcalde de X nos pide que vayamos a su fiesta mayor le decimos que nos espere sentado. Que es foti!. El joven sigue relamiendo su cucurucho de chocolate con nata, sonríe al viejo, se reajusta la gorrita de soldadito, le da otro lametazo al helado. Cualquiera diría que le importan un bledo los alcaldes, los trabucos y la patria entera: en el chiringuito acaba de entrar una adolescente con unos shorts tejanos y los hombros al aire. Esos hombros y esas piernas largas, toda ella pálida tras el confinamiento, son la única patria plausible del chaval en ese instante. Nada le interesa más que eso a su mirada torpe, estrábica y desvaída.

En el chiringuito tienen puesta una emisora de radio que transmite flamenco mainstream, yo diría que se trata de la Niña Pastori cantando algo escrito por Alejandro Sanz hace un montón de años. Suena bien y el volumen es el adecuado, permite pensar levemente sobre el paso del tiempo, que es lo más propio para un agosto y en plena ola de calor. De repente se me juntan los dos fenómenos en la mente: los trabucaires de la comarca del Berguedà y el flamenco, vaya coincidencia. Cuando pienso en el flamenco suelo pensar en el de aquí, el flamenco de Duquende, de Mayte Martín, de Poveda. 

La flamenca es, sin duda ninguna, la única música que está viva de veras en Catalunya. El pop catalán es un zombi electrocutado, los cantautores están liquidados, la sardana muerta y a las grallas no hay oído humano que las aguante: incluso los estorninos se largan cuando escuchan la gralla. Si hay una música viva en Catalunya, es la música flamenca. Y entonces recuerdo las Ferias de Abril de Santa Coloma, de Can Zam y de la explanada polvorienta, fea y radioactiva del Fórum de las Culturas, en San Adrián del Besòs.

La Feria de Abril, en Catalunya, se subvenciona mediante una partida del oscurísimo Departament de Benestar Social desde los tiempos del oscurantista Conseller de Benestar Social el señor Antoni Comas, íntimo de Pujol Soley. La Associació de Trabucaires se subvenciona mediante una partida del Departament de Cultura. ¿Lo quieren más claro? No, no es un error: es diáfano, flagrante y claro. Eso es la cultura catalana, con sus subvenciones y sus consejeros oscuros, sus consejeros melifluos y sus consejeras presuntas delincuentes en espera de juicio: jamás nos mintieron, siempre lo dijeron muy clarito. La cosas de los charnegos son para Benestar Social, los trabucaires, castellers y puntaires para Cultura. A ver si un día nos sale un enxaneta con sombrero cordobés y le sacamos una foto, o un documental para TV3 que se titulará "Integración cultural". O algo así.

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