El obispo de los pobres

Que a Pere Casaldàliga lo denominen el obispo de los pobres deja en muy mal lugar a la iglesia católica. Difunde la idea de que el suyo es un caso aislado. Que él se preocupaba por las comunidades más empobrecidas pero que esto era una rareza entre los que comparten su categoría de obispo. Es decir, que lo más normal entre los obispos es no preocuparse excesivamente de la gente más vulnerable y necesitada de apoyo social.

En una etapa lejana de mi vida fui cristiano. Cosas de los padres y de los curas que difundían ideas de compromiso social que me gustaban en las misas de domingo en una parroquia del paseo de sant Joan o, incluso, en otra en la zona alta de Barcelona. Uno de los responsables de mi implicación juvenil en asociaciones cristianas progresistas fue el sacerdote y teólogo Josep Maria Rovira Belloso, que no llegó a obispo pero que tenía toda la pinta de serlo. Murió en 2018, justamente cuando tenía la misma edad con la que nos ha dejado Pere Casaldàliga: 92 años.

En aquellos años de juventud, no sé porqué, Pere Casaldàliga no era demasiado citado en las asociaciones cristianas en las que participé. Quizás porque estaban mes vinculadas a los jesuitas que a los claretianos, su orden. Recuerdo el impacto terrible del asesinato del obispo Óscar Romero, mientras hacía misa en una capilla de la capital del Salvador, eln1980, y de cinco sacerdotes jesuitas en la Universidad Católica de aquella ciudad, nueve años después.

No sé qué debe haber pasado con el Movimiento Universitario de Estudiantes Cristianos (MUEC) del que fui miembro durante unos cuántos años. En la UAB, desde que he vuelto como profesor no he encontrado a nadie que me hablara de él. En cambio, sí que he hablado con bastantes estudiantes que recordaban con añoranza, admiración y respeto los cursos en qué tuvieron como profesor a Arcadi Oliveres, cristiano a macha martillo.

A Casaldàliga lo descubrí más tarde, a pesar de que desde 1968 ya estaba en el Brasil entregado a la causa justa de ponerse al lado de los más pobres. El libro y el documental de Paco Escribano me lo acercaron. Él no volvió nunca a Catalunya desde su marcha a Brasil. Incluso, el entonces presidente de la Generalitat, Pasqual Maragall, le tuvo que llevar en persona a Säo Félix de Araguaia el Premio Internacional Catalunya que le concedieron en 2006.

Una de las frases de Casaldàliga recogidas por los medios de comunicación a raíz de su muerte es esta: "Sólo habrá paz en el mundo si hay paz entre las religiones". Se supone que las religiones promueven comportamientos solidarios y pacifistas. Pero, ciertamente, hay muchas guerras en el mundo donde la religión se utiliza como argumento por avivar los enfrentamientos.

A mí me sobran las religiones. Me sorprende que gente culta tenga eso que llaman fe, en la religión o el Dios que sea. Pero, ya puestos, bienvenidos sean creyentes como Pere Casaldàliga. Arcadi Oliveres, Josep Maria Rovira Belloso, Óscar Romero, Iñaki Ellacuría, Alfonso Carlos Comín, Luis de Sebastián y tantos otros.

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