Corona virus…

En la enésima reinterpretación del clásico de Monterroso, El dinosaurio: "Cuando despertó, el rey ya no estaba". Acorralado por los escándalos, el rey emérito Juan Carlos I ha huido del reino a un destino desconocido; primero, decían que se marchó hacia una república -sorpresas te da la vida-, después, se le situaba en Abu Dabi, más de su estilo. Antes, o al mismo tiempo, ha enviado una carta a su hijo, el rey rey, donde le explica que lo hace por él, para no estorbarle, y por sus súbditos. El último servicio a la patria … Se llena la boca de lealtades y huye por no rendir cuentas, si es necesario, ante la justicia de su país. Si Franco levantara la cabeza, aplaudiría, satisfecho ante la perpetuidad de su "atado, y bien ataco". Leía en el bar de Twitter: "¿Quieres mejor confesión que la fuga…?". I: "Es un Borbón, ¿qué esperabas?".

Pero, todo ello no termina aquí, o no debería hacerlo. El virus se ha propagado, contagiando el entorno. Por complicidad o encubrimiento, la corona está infectada. Felipe VI no puede, o no debería de poder, como en su día hizo su hermana Cristina en el caso Urdangarin, alegar ignorancia. ¿Alguien -que no sea juez- le podría creer? ¿Qué ha dicho el rey? Que se va de vacaciones a Mallorca. Ay, si Pepe Rubianes levantara la cabeza… Cuesta de tragarse también la connivencia del presidente Pedro Sánchez, hábil en el regate.

Como todas las crisis, ésta también debería convertirse en una oportunidad. Aprovechar la ocasión para abrir el melón y que sea lo que el pueblo decida. A trompicones la monarquía sirvió para transitar del tardofranquismo a la democracia. Y, aunque el trabajo está a medias y aún quedan segmentos por democratizar, ya sería hora de que los ciudadanos, sin espadas de Damocles colgando de sus cabezas, elijan si quieren continuar siendo monárquicos o consideran que ya ha llegado el momento de convertirse en republicanos. Pero, aunque da miedo que el pueblo tome según qué decisiones.

Mientras tanto, el Gobierno catalán aprovecha la marejada para pescar. Entendiendo que la venganza es un plato que se sirve frío, el independentismo no ha perdonado el exabrupto de Felipe VI al día siguiente del día siguiente del referéndum. Y ha decidido pasar al ataque con la pompa de su Parlamento. Cosquillas. Ya hemos comentado aquí que el catalán es un gobierno que no sabe hacer dos cosas a la vez. Así, y pese a coincidir en la melodía, celebraría que se centrara en apagar los fuegos sanitarios. Los ciudadanos han aprendido a discernir las convicciones de las sobreactuaciones electorales.

Juan Carlos debería rendir cuentas y Felipe concluir el último periplo monárquico de España. Pero esto último lo deberían decidir los ciudadanos.

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