Los vecinos denuncian la falta de seguridad en el entorno de la sala de venopunción Baluard

Los drogadictos se pinchan y reúnen sin guardar ninguna mínima norma de seguridad por lo que respeta a la Covid-19
Un kit de venopunción
Un kit de venopunción

Los alrededores de la sala de venopunción Baluard son un punto caliente conflicitvo, en estos momentos, en Barcelona. Los vecinos claman contra el Ayuntamiento y piden su cierre, los trabajadores están desbordados y ya han denunciado que no pueden atender al alud de drogadictos que se acercan para usar sus dependencias, y los narcos aprovechan este alud para hacer negocio. A todos estos problemas, se suma la situación de la crisis sociosanitaria de la covid-19 con el aumento de contagios en Barcelona.

La presencia de muchos drogadictos a la búsqueda de una dosis y un lugar donde pincharse, sin mascarillas y sin guardar distancias sociales ha puesto en alerta a los vecinos que denuncian que se pueden convertir, con facilidad, en vectores de contagio. Es habitual verlos echados por el suelo, en grupos sin ninguna precaución o haciendo sus necesidades en la calle. Maite, una de las vecinas de la calle Om, afirma que "la sala de venopunción tuvo un drogadicto positivo de la covid que no ha querido ingresar en el hospital y se ha ido. Ahora ronda por el barrio y los vecinos estamos desesperados". Esta vecina alerta que ni la Guardia Urbana ni los Mossos d'Esquadra atienden ya las peticiones de seguridad del barrio: "he llamado a los Urbanos y a los mossos varias veces, pero o no vienen o nos dicen que no pueden hacer nada, y mientras tanto, traficantes y drogadictas continúan en el barrio".

La sala de venopunción Baluard argumenta que debido a la pandemia han cambiado las normas, según nos explica una fuente anónima. "Sólo se les deja pasar de uno en uno para poder hacer el servicio de venopunción y, por tanto, el resto de enfermos están esperando en la calle. Pero hay gente muy deteriorada que no puede guardar una cola, y reclaman el kit, es decir, la jeringuilla, la toallita, desinfectante y un pequeño recipiente y se pinchan en cualquier sitio. Nosotros no podemos absorber más demanda, estamos al límite". Esta sala de venopunción municipal es la de mayor volumen de la ciudad. En 2019 atendió una media de 800 personas al mes.

Los delitos relacionados con el tráfico y el consumo de drogas se han disparado, después del confinamiento, en las calles de Barcelona y especialmente en el barrio del Raval. Desde la tenencia de alcaldía de Prevención y Seguridad se habla de un aumento del 36,2%. Un buen ejemplo de ello es Maite, vecina del ´Raval que nos explica en primera persona las agresiones habituales en el barrio: "venden droga por todas partes y esto ha provocado un efecto llamada. Nos llegan drogadictos de toda Barcelona a comprar y éso provoca peleas constantes entre narcos para controlar los espacios, entre ionquis para buscar un lugar y a sufrir, como siempre, los vecinos. A mí me ha intentado agredir un camello que pensaba que estaba grabando un vídeo. Las agresiones, peleas y robos son constantes. Los vecinos estamos hartos".

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