Ciudadanía europea, esperanza de futuro federal

Muchos de los Estados que conforman la actual Unión Europea tienen una historia más o menos larga relacionada con una larga lista de reyes y reinas soberanos por la gracia de Dios, pero dirigiendo guerras y venganzas, que culminaron en la destrucción y mortaldad de miles de jóvenes y de la sociedad civil durante las dos Guerras Mundiales. La constitución del Mercado Común, y posteriormente de la Unión Europea, han constituido un proceso de transición, de devolución de soberanías, para constituir un espacio común, de forma pacífica, nunca visto en la historia humana. Con vacilaciones y retrocesos, la Unión Europea ha ido abriéndose camino organizando sus Parlamentos y sus instituciones con los Estados nación tensando hacia su lado y los europeístas hacia la construcción de una verdadera unión en la diversidad.

Pero la Unión Europea se ha ido construyendo también a través de su ciudadanía. Varias organizaciones no gubernamentales y fórmulas de trabajo conjunto han permitido a la ciudadanía europea irse conociendo, alejar los odios generados en la antigua guerra y construir una nueva red de intereses, de colaboraciones y de trabajos conjuntos. Las relaciones que el programa Erasmus ha permitido establecer entre jóvenes de varios países ha sido un caldo de cultivo de relaciones científicas, organizativas e incluso amorosas con el establecimiento de familias europeas, diversas y plurales.

La carencia de una verdadera Constitución Europea supuso un movimiento político ciudadano, en que por primera vez se oyó hablar de derechos de ciudadanía europea. La implicación de los sindicatos de todos los países europeos, de las redes científicas y de investigación, y los encuentros del mundo de la cultura, habían creado un poso de reconocimiento del otro como cercano, como persona que, al estilo de Steiner, podría tomar un café con nosotros en cualquiera de los cafés de Europa. La dimensión política de la ciudadanía europea nació incluso antes de la formación de la Unión, y como muestra tenemos la formación de la Unión Europea de Federalistas, fundada en1946 con el objetivo de conseguir una Europa federal y más democrática, con la idea de que la unidad en la diversidad podría evitar los conflictos que habían existido tradicionalmente en Europa. "Los federalistas europeos asumieron desde el primer momento que sólo el esfuerzo colectivo de la ciudadanía europea por constituir un marco de cooperación organizada de modelo federal podría garantizar la existencia de una Europa en paz, libertad y como un espacio de respecto de los Derechos Humanos", como se puede leer en la web de la UEF España.

Actualmente la Unión de Federalistas Europeos consta de 24 secciones, una por país que agrupa las asociaciones regionales. La última Assamblea de la UEF de España, el 4 de julio pasado, integró las secciones de la UEF de Valencia, Asturias y Catalunya. Esta organización es plural ideológicamente y no depende de ningún partido político, pero tiene entre sus objetivos crear un movimiento de ciudadanía transversal para avanzar hacia una Europa federal.

Necesitamos avanzar en el crecimiento de una cultura federal y en los cambios necesarios en la forma de actuar y relacionarnos políticamente. La federación no es una imposición, sino una creación política y social de confianza. Y las ONG y las organizaciones políticas se tendrían que impregnar de esta actitud para cooperar y para mejorar el interés común. Federarse permite a los ciudadanos y las ciudadanas el ejercicio de la pluriidentidad. Es un proceso que permite convivencias múltiples y flexibles. "Las personas, como los pueblos, son plurales, sólo los totalitarismos creen que son idénticos", dice Hannah Arendt.

Las personas son plurales en sus identidades, en sus deseos, y en su creatividad, y ninguna identidad es superior. La diversidad y las diferencias son una riqueza. La cultura federal tiene que permitir entender, reconocer y gestionar las diversidades y las singularidades. Tendría que hacer compatible el reconocimiento de las diversas lenguas, culturas, etnias y territorios que la componen. La convivencia
ya existente entre la ciudadanía europea tendría que ser un ejemplo para los dirigentes políticos de los Estados nación y nos permitiría el ejercicio de una cultura cívica federal que nos alejara del regreso a la tribu.

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