¿Por la izquierda, o por la derecha?

En la pendiente del retorno a la normalidad (si alguna vez esta fue anormal), la gran pregunta es por dónde tirar. No parece necesaria la bola de cristal para intuir que de inmediato las cosas no cambiarán tanto. La cuestión está en qué dirección lo harán.

En agosto de 1789, a la hora de debatir en la Asamblea nacional francesa el papel del rey en la futura Constitución, los diputados del veto real, en su mayoría nobles y clérigos, se colocaron a la derecha del presidente (lugar de honor) y quienes se oponían a él, los del Tercer Estado, a la izquierda. Los primeros compartían conceptos como el orden, la seguridad, la tradición, la religión, el conservadurismo… propios, digamos, de las clases dominantes. Los segundos valoraban la igualdad, el trabajo, la solidaridad o el reformismo. Esta dicotomía adquirió carta de naturaleza con la Restauración: a un lado los reaccionarios, al otro los liberales. 

Al polo fundacional de la izquierda, que aún pervive, se han ido agregando nuevos atributos, como la tolerancia, el internacionalismo, el feminismo, el ecologismo o lo público frente a lo privado. La derecha, que también se metamorfosea, ensalza el nacionalismo, la iniciativa privada, el conservadurismo, el autoritarismo… En cualquier caso, y más allá de los espacios difusos compartidos, los conceptos izquierda y derecha siguen siendo válidos para entendernos. La tesis de Francis Fukuyama y sus feligreses, como Mario Vargas Llosa, de proclamar el fin de la historia, el triunfo final del liberalismo y con ello la desaparición del eje izquierda-derecha (para ser todo derecha) ha quedado reducida a chatarra. También Franco proclamó la superación de la divisoria izquierda-derecha.

A vista de pájaro, todo parece indicar que es la derecha la que más está acusando el golpe de la COV-19. Por ejemplo, la epidemia ha dejado al desnudo las limitaciones de lo privado, ha colocado la vida por delante de los intereses económicos y ha puesto a la defensiva a quienes niegan el cambio climático. En tal sentido, a la luz de medidas como la renta mínima, la puesta a disposición pública de la sanidad privada, e incluso las medidas financieras acordadas por la UE parecen dar la razón a Slavo Zizek, cuando habla de un futuro más comunista, aunque “obscuro”.

En cualquier caso, como en la Bolsa, el índice general no es traducible a cada valor concreto. La realidad va por barrios. Aquí, en Francia, Italia y otros países de la Unión, y de fuera de ella, las derechas, argumentado la caída del empleo y la producción, hablan, y mucho, del relanzamiento de la economía, mediante rescates incondicionales de empresas o rechazo a nuevos impuestos (“para no desincentivar a los inversores”), esfuerzos suplementarios a los asalariados, relajación de las políticas medioambientales… La izquierda, con especial protagonismo de los ecologistas, planea una reorientación de la economía, en base a más justicia social y orientación verde; más inversión pública, sobre todo en sanidad y ciencia, y ayudas sociales a los más frágiles.

Los de derechas, que en el caso de Donald Trump, Boris Johnson, Jair Bolsonaro y compañía ya trataron de buscar atajos para asegurar los dividendos a costa de la vida, siguen enarbolando el estandarte del catastrofismo económico y social para asustar y que las cosas sigan como siempre, e incluso mejoren para los ricos. Las izquierdas se alarman ante la posibilidad de volver la espalda, sobre todo a la desigualdad social y al cambio climático.

En lugares como EE.UU. y Reino Unido, previsiblemente seguirá la derecha manteniendo la sartén por el mango, a corto y medio plazo, siempre que acontecimientos colaterales no alteren las cosas. En Francia, la mayoría de Emmanuel Macron no estará exenta de discusiones de familia entre liberales y socializantes. Portugal, ejemplar. En España, más ruido que nueces de una derecha, no solo desubicada sino pre-democrática, en algunas de sus versiones. Y que Dios guarde por muchos años el gobierno de Pedro Sánchez, que constituye el mayor activo disponible para salir de ésta mejor que como entramos.

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