Hará falta digerir el virus

La pandemia sanitaria mundial que está causando la pérdida de tantas vidas humanas y mucho sufrimiento, junto con la pandemia económica, pasarán a la historia como pasó la dramática 'gripe española' de 1918. La Covid-19 ha sido también el catalizador de una nueva crisis económica àl haber generado nuevamente burbujas financieras e inmobiliarias.

Nos está costando salir de la pandemia sanitaria y ya hemos entrado en las miserias de una nueva crisis económica. Crisis que nos coge desarmados, debido al fuerte endeudamiento de gobiernos, empresas y familias. Una vez más el fracaso del sistema económico liberal ha engendrado una crisis económica y social que evidencia la fragilidad de una sociedad que se creía poderosa gracias a la globalización y a la tecnología.

Desgraciadamente, en la Unión Europea los países parecen incapaces de mostrarse solidarios. Si ante una crisis de enorme dimensión y tan repentina no son capaces de reaccionar juntos de forma solidaria, el proyecto europeo será un fracaso. En la Unión Europa las consecuencias del coronavirus serán profundas. Tendrá efectos sobre la salud, la economía y el modelo de sociedad y cultural europeo. En el campo de la economía se teme que la recesión tenga unos efectos socialmente devastadores, sólo comparables con el crac de 1929 en la bolsa de Nueva York, que comportó millones de parados y miseria en buena parte del mundo y generó en Alemania la subida al poder del nazismo y la posterior Segunda Guerra Mundial.

De esta crisis saldremos con la idea clara de que nos hace falta un mundo diferente. Redescubriremos la necesidad de gobiernos socialmente sensibles con capacidad de reacción, la importancia de disponer de potentes sistemas de servicios públicos, cosa que obligará a un sistema más progresivo de impuestos y a una presión fiscal más grande especialmente para los que tienen más.

También entenderemos que nuestro mundo es todo el planeta, y que lo tenemos que proteger deteniendo la actual sobreexplotación depredadora. El reto será definir un nuevo modelo económico de progreso, que esté realmente al servicio de las personas y la sociedad. Muchos se entusiasman con el modelo político y económico chino, pero olvidan que China es un país autoritario, que no respeta la libertad ni los derechos civiles básicos. También ha perdido atractivo el modelo liberal de Estados Unidos, que Donald Trump, con su filosofía proteccionista, racista y egoísta del 'America first', no para de desprestigiar.

Los gobiernos lo tendrán complicado. Sin disponer de recursos suficientes tendrán que encontrar un equilibrio entre priorizar la vida digna de los ciudadanos y proteger su economía. También tendrán que gestionar el déficit y la deuda que la nueva crisis traerá. Otra cuestión que afecta a las nuevas generaciones es que tendrán que evitar que se intensifique el conflicto intergeneracional al haber hipotecado el futuro de los jóvenes aumentando exageradamente la deuda pública, que tendrán que pagar ellos.

Habrá que plantear también los límites e la globalización. La globalización financiera sin control ha facilitado la concentración de la riqueza en pocas manos, fraude fiscal, existencia de paraísos fiscales y un importante aumento de la desigualdad. La globalización industrial ha creado un dumping social y fiscal que provoca sueldos bajos y paro. La Unión Europea tendrá que impulsar la innovación, la ciencia y la tecnología, orientadas a resolver las necesidades básicas de los ciudadanos y los nuevos desafíos que se presenten.

Ante los graves retos globales ya existentes, habrá que tener una visión global del planeta, gestionar la transición medioambiental, de movilidad y energética, y corregir la desigualdad social. La pandemia sanitaria ha demostrado que, ante la complejidad actual, los conceptos de Estado nación y de soberanía han entrado en crisis, puesto que la independencia no existe, todos somos interdependientes y tendremos que avanzar hacia la governanza mundial.

Esta pandemia se acabará. Pero nos quedará mucho trabajo por hacer. Tendremos que cuidar del duelo y de las muchas heridas que el virus ha dejado. Tendremos que reconocer humildemente que los humanos tenemos límites que no se pueden traspasar. Si aprendemos la lección de estas crisis y reaccionamos, los sacrificios que estamos haciendo y los que tendremos que hacer no habrán sido en vano.

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