Reconstruir Cataluña, reconstruir Barcelona

Inmersos en plena crisis de la pandemia del coronavirus, todavía es pronto para contabilizar el alcance total de los estragos que acabará provocando en el tejido económico y empresarial de Cataluña. De momento, solo tenemos noticia de los despidos y de los ERTE que se han producido desde el 15 de marzo y que afectan centenares de miles de trabajadores.

También tenemos conocimiento de la incertidumbre y la angustia de miles de pequeños empresarios y autónomos que han quedado estrangulados al pararse en seco, de un día al otro, la actividad productiva y comercial. Las ayudas prometidas por el gobierno español y por la Generalitat llegan con cuentagotas y con mucho  retraso y, en todo caso, son insuficientes para mantener la viabilidad de muchos negocios durante los largos meses críticos que todavía nos quedan por vivir.

De manera intuitiva, pero creo que acertada, se puede afirmar que el coronavirus ha hundido a Cataluña en la ruina. Sectores fundamentales de nuestra economía, como el turismo, la restauración, la construcción, la industria automovilística y todos los servicios que giran a su alrededor han quedado colapsados. Infraestructuras esenciales para hacer funcionar Cataluña –el puerto de Barcelona, el aeropuerto del Prat, la Feria…– están gravemente malheridas y, en todo caso, tardarán mucho tiempo en recuperarse.

Desde comienzos del siglo XX nos impusieron un modelo de país capitalista –consolidado y aumentado con los planes de desarrollo franquistas y con la entrada de España en la Unión Europea– que ha llegado hasta nuestros días. La inauguración de la fábrica de SEAT, en 1953, y la celebración de los Juegos Olímpicos del 1992 son momentos estelares de esta dinámica de crecimiento que ahora el coronavirus amenaza con hacer saltar por los aires.

¿Qué será de Barcelona sin los turistas que llenaban las Ramblas, los hoteles y los apartamentos de Airbnb? ¿Qué será de la capital de Cataluña sin los cruceristas y los magnates árabes o rusos que hacían gasto en el paseo de Gracia? El panorama que tenemos por delante es un gran desierto, árido y reseco, donde será difícil vivir.

En esta coyuntura catastrófica, y mientras lloramos los miles de muertos que nos deja la Covid-19, Cataluña y Barcelona se tienen que repensar, se tienen que reinventar y se tienen que reconstruir. Es nuestra obligación hacerlo y en esta tarea titánica tienen que participar las mentes más brillantes que tenemos en todos los ámbitos (empresarial, sindical, académico, social…).

Premisa imprescindible para encarar el presente y el futuro es la voluntad política de trabajar juntos. A Quim Torra y a Ada Colau les toca promover y formar gobiernos de unidad, por encima de los apriorismos partidistas. Son tan colosales los retos que tenemos que afrontar para superar esta debacle que solo podemos abordarlos desde la generosidad y la colaboración, sin dejar escapar ninguna contribución positiva, venga de donde venga.

El principal vector de la actividad política es el servicio a la sociedad y al bien común. Nos encontramos en un momento de emergencia colectiva sin precedentes en nuestra memoria y en esta clave y única coyuntura, la estrategia más efectiva es la unidad de todas las fuerzas políticas que compartan esta convicción.

En Cataluña tenemos experiencia y fue exitosa. El presidente Josep Tarradellas, cuando volvió del exilio, tuvo la inteligencia de formar un gobierno de unidad, que hizo posible la recuperación de la Generalitat y la redacción del Estatuto de Sau, las dos columnas que han asentado el progreso democrático que hemos logrado en los últimos 40 años.

Obviamente, no es lo mismo la convulsa transición postfranquista que un terremoto devastador como el que ha sembrado de muertes nuestros pueblos y ciudades y ha hundido nuestro tejido económico. Pero entonces y ahora, la fórmula para hacer frente a esta traumática coyuntura es la misma: la concertación y la unidad de acción.

En esta hora trágica no necesitamos políticos mesiánicos ni providenciales. Necesitamos políticos con capacidad para escuchar, para dialogar, para compartir y para decidir conjuntamente. Políticos que entiendan que el poder que tienen en sus manos lo tienen que poner al servicio de la totalidad de la población y que esto solo es posible si abren el gobierno a todas las sensibilidades que existen y que se expresan en las urnas.

No es momento de continuar en la dinámica gobierno/oposición, como si nada pasara. Quim Torra y Ada Colau tienen que crear equipos con capacidad decisoria y ejecutiva donde estén representadas todas las formaciones políticas que quieran estar.

Reconstruir Cataluña y Barcelona es una responsabilidad compartida que empieza de aquí a pocos días, cuando acabe el confinamiento. La historia nos enseña que los catalanes conseguimos superar los reveses cuando, por encima de todas las diferencias, trabajamos codo con codo y vamos unidos. Ahora es el momento de poner en práctica esta lección y actuar en consecuencia

(PS.: La crisis provocada en Badalona por la indigna conducta de su ex alcalde, Àlex Pastor, abre la puerta a crear un gobierno local de unidad, con la participación de Xavier García Albiol. No es importante "quién" tiene el poder, sino "quién" es capaz de entender qué necesita la población, es decir, todos, en estos momentos excepcionales).

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