El Coronavirus y la teoría de Taleb o la metáfora del Cisne Negro

Lo que está pasando con la pandemia del coronavirus mucha gente lo interpreta como lo que dijo Taleb en 2007 con la metáfora del cisne negro. Decía: "Un cisne negro es un hecho que aparece de manera no esperada, que tiene gran impacto, y posteriormente salen explicaciones que dicen que tendría que haber sido previsible". De hecho el coronavirus sólo tiene de cisne negro la última característica.

Yo creo que los virus y las bacterias sobrevivirán a la especie humana, porque son organismos vivos capaces de adaptarse a las condiciones del medio y que saben mutar haciéndose resistentes a las defensas inmunológicas de los humanos (y otros seres vivos) y también resistentes a los antibióticos y a otros fármacos con los que intentamos defendernos. Estas pandemias, que cada vez veremos con más frecuencia debido a la globalización, son más peligrosas que la contaminación del medio de origen antropogénico, puesto que esta está creada por la especie humana, y por lo tanto está en nuestras manos evitarla si luchamos contra sus complejas causas (sobre todo por el modelo económico de desarrollo y cultural actual).

El cisne negro era previsible, explicable por el modelo económico y social neoliberal, de capitalismo financiero, de crecimiento exponencial sólo de unos cuántos y precarización de la mayoría de la población, de expolio y contaminación del medio y la cultura del consumismo. Un ejemplo lo tenemos en los sistemas de producción, transporte y comercialización de alimentos. Producción industrial en monocultivos extensivos y en granjas con miles de animales. Cultivos con utilización de productos químicos tóxicos como herbicidas, abonos químicos, pesticidas, grandes necesidades tecnológicas y de agua. Cría de animales para el consumo como alimentos, con condiciones de cautividad, alimentados con piensos (muchas veces con harinas de restos de animales) con fármacos para combatir infecciones y parásitos, algunas veces con sustancias de engorde, con conservantes para la comercialización y todos estos productos en manos de multinacionales (con precariedad de condiciones laborales de sus trabajadores) hasta ahora producidos masivamente en el denominado Tercer Mundo (por los costes de producción) y transportados a largas distancias con gran impacto sobre el cambio climático. En último término el capitalismo de la globalización en sus últimas fases (espero).

Recordemos algunos episodios importantes de estas epidemias a partir de los alimentos contaminados. La enfermedad de las "vacas locas" (1990), donde sólo en el Reino Unido se sacrificaron 200.000 vacas afectadas (de unas 400.000 en total en otros países). Causa: piensos con harinas de restos orgánicos de ovejas, y una mutación en las vacas que provocó una enfermedad neurodegenerativa en humanos. La "gripe porcina" (2009- 2010), mutación que permite transmitirla de los cerdos a los humanos. La "crisis de los pepinos", contaminación con E.coli. La "enfermedad de las hamburguesas", en los EE.UU en 1982 con otra E.coli. Además, 5.000 granjas de cerdos y pollos clausuradas en Alemania en 2011 por contaminación de los piensos con dioxinas, y tantos otros.

Estos son motivos para que aparezcan cada vez más cisnes negros. ¿Qué se puede hacer? Ya en 2002 la ONU y el Banco Mundial pidieron a una comisión de expertos un informe titulado "Evaluación internacional del conocimiento agrícola. Ciencia y tecnología para el desarrollo" (IAASTD). ¿Qué tenemos que hacer para superar el hambre y conseguir un desarrollo sostenible y equitativo? La
conclusión del informe: el modelo dominante de agricultura industrial intensiva está malgastando el patrimonio del planeta y pone en peligro el futuro de la humanidad. Es insostenible y no tiene en cuenta los efectos externos de su actividad.

Hace falta pues "desglobalitzar" y buscar no un crecimiento económico de unos cuántos sino de bienestar y equidad para la mayoría, un crecimiento lento, colectivo y respetuoso con la vida y el medio. Poca broma, se dice pronto, habrá que ponerse a ello. En el ejemplo que hemos puesto de los alimentos, habría que fomentar la producción local (de transporte km 0) y ecológica (sin tóxicos), diversificada, de temporada y social (cooperativismo). Velar por los costes de producción defendiendo a los pequeños y medianos productores, por las condiciones laborales de sus trabajadores, por la calidad, por la comercialización y una buena educación en la alimentación sana.

Este puede ser un camino a copiar en otros muchos sectores de la producción y de la vida.

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