«Hace tiempo que Madrid dejó de ser “una ciudad tibetana”»

Entrevista a Adrià Casinos
Adrià Casinos | Foto: Àngel Guerrero
Adrià Casinos | Foto: Àngel Guerrero

Biólogo. Catedrático jubilado de Zoología de la UB y profesor emérito. Ha publicado varios libros sobre historia de la ciencia. El pasado año, uno dedicado al científico menorquín Mateu Orfila, y este 2020 se editará otro sobre la genética en el estalinismo. 

El medio ambiente, de rabiosa actualidad, es quizás la cuestión que en estos momentos más inquieta a escala planetaria…

Hay en el tema del medio ambiente aspectos especialmente preocupantes, como es, sin duda, el “negacionismo”, representado por Trump a escala internacional, o por Vox, en España. Pero también inquieta la utilización que del medio ambiente está haciendo el populismo de “izquierdas” (Entre comillas, porque un populista no puede ser nunca de izquierdas). Por ejemplo, en la conferencia de Madrid me ha sorprendido, hasta donde yo sé, que no se haya tenido en absoluto en cuenta la cuestión demográfica. Preguntaría a quienes han hecho estas previsiones de gases invernadero, etc. si han tenido en cuenta el aumento desbocado de la población que se está produciendo en el Planeta. China ha dejado atrás la política de hijo único, India está superando su población en una superficie que es tres veces menor, África está en plena explosión demográfica…. Todo esto es muy importante y no se quiere abordar, muchas veces por cuestiones religiosas, ideológicas…

¿En el fondo, el cambio climático no está reclamando bajar, de forma generalizada, el pistón, cambiar de modo radical la producción, los intercambios, el modo de vida?

Hace 40 años, me impresionó mucho Wolfgang Harich un filósofo de la República Democrática Alemana (que visitó Barcelona, donde yo le presenté en una conferencia), que se hizo famoso por una teoría que emitió con la denominación del “Comunismo de la pobreza”, con el argumento de que, tal como se entendía, la utopía del marxismo, de llegar a una sociedad sin clases y sin Estado, se había hecho imposible debido a la crisis ecológica y que entonces la única solución para la Humanidad era un poder fuerte a escala mundial, que repartiera la pobreza entre las personas. Yo creo que nos estamos acercando mucho a esa situación.

Hay en la izquierda corrientes, como la de los denominados rojos-pardos en Italia que, ante la emergencia climática, reclaman un repliegue ¿Cómo se puede interpretar esto?

Yo soy muy europeísta, entre otras cosas, si así se puede decir, hasta desde un punto de vista egoísta. Me preocupa mucho el problema territorial español y en algún momento llegué a creer que esto podía acabar como en Yugoslavia. Y si algo así no ha podido ocurrir es, entre otras cosas, porque Europa ha sido muy determinante. Volver a las banderías, que es lo que pretenden los populismos en algunos países europeos, es muy peligroso. Se puede ser muy crítico, y yo lo soy bastante, con el proceso de globalización, pero no hay quien lo pare. Lo que hay que hacer es que las ventajas sociales que se han adquirido a lo largo del tiempo sean respetadas por la globalización. 

En cualquier caso, parece que está cambiando drásticamente la relación de los humanos con la naturaleza, incluida, claro, la percepción y el trato con los animales…

Tenemos necesidad de proteínas, y nuestra dieta puede ser de origen animal o vegetal. Creo que tiene que haber un equilibrio entre ambas. Si, como pretende el veganismo, llegáramos a una dieta proteínica solamente de origen vegetal, podríamos ir a una deforestación salvaje. Por ejemplo, Argentina está sufriendo un gran deterioro medioambiental en el Gran Chaco, como consecuencia del cultivo de soja. Si la gente desforesta para plantar soja es porque es negocio, porque hay demanda. Si aumentamos esa demanda, incrementaremos la presión sobre la deforestación. Lo que ocurre es que el populismo funciona a base de dogmas. En relación, por ejemplo, con el animalismo, hay que reconocer que el hombre no es el rey de la naturaleza, pero cada especie explota un entorno en la biosfera. Probablemente, los humanos hemos explotado ese entorno de una manera muy particular, debido al hecho cultural, y se han producido excesos. Eso hay que equilibrarlo. Volviendo a Harich, era muy interesante que, en aquel momento, cuando todavía existía el socialismo real, hiciera una crítica al modelo de desarrollo que había seguido la Unión Soviética, copiando al capitalismo.

En su condición de miembro del Patronato del Zoo de Barcelona ¿Qué opina sobre su futuro, que está siendo motivo de una inacabable polémica?

En el momento actual, gracias en alguna medida a la alcaldesa, hay un gran desprecio por la cultura. Podría citar casos concretos, como el del palacio Moxó, que se perdió para la ciudad, y resulta que ahora se están construyendo al lado apartamentos turísticos. Si no se tiene respeto hacia la cultura literaria artística…, mucho menos se va a tener hacia la cultura científica. En el último pleno de la anterior legislatura municipal, se aprobaron dos resoluciones totalmente contradictorias sobre el zoo. Una bloqueaba aspectos importantes para un zoo, como es por ejemplo la reproducción de los animales. La otra, propuesta por los animalistas, decía que el zoo debería tener solamente 13 especies. La primera resolución fue aprobada por todos los grupos, pero lo más increíble es que tres grupos aprobaron las dos resoluciones que se contradecían entre sí. Si debe existir zoo o no (yo respeto todas las posiciones), debe ser consecuencia de un debate ciudadano profundo. 

¿El darwinismo social, que considera que el concepto de la selección natural puede ser usado para el manejo de la sociedad humana, tan querido por nacionalismos, sigue vigente?

El darwinismo social, que se inaugura con Spencer, y que aún persiste, pone de manifiesto la tendencia a utilizar hechos científicos para justificar la ideología. Cuestión que muchas veces lleva a decir auténticos disparates, con total impunidad. En el siglo XIX, cuando ser evolucionista era algo vinculado a la izquierda, la extrema derecha argentina, de raíces más laicas, como era el caso de Leopoldo Lugones, se manifestó a favor de paleontólogo Florentino Ameghino ¿Por qué? Porque era una gloria nacional y mostraba la superioridad de la ciencia argentina.

¿En estos momentos, la biología está muy identificada con las cuestiones medioambientales?

Recuerdo aquélla célebre frase de Azaña que decía que, si en España solo se hablara de lo que se conoce, se haría un gran silencio. Hace años, hice una asignatura de ecología con Ramón Margalef, pero desde entonces la ecología ha evolucionado mucho y no me atrevo a dar ciertas opiniones. Hay una gran desvergüenza. Todo el mundo habla de todo, muchas veces sin ningún conocimiento. Una cosa es la preocupación del ciudadano por la crisis ecológica que está padeciendo el Planeta y otra cosa es pontificar.

Negar las evidencias del cambio climático, como hace Donald Trump, sorprende a veces por su descarada irracionalidad, pero no deja de ser una expresión más de su visión de las cosas…

La verdad, es no se puede entender el negacionismo. Por ejemplo ¿Aquí en España, que pretende Vox con su posición negacionista? Supongo, que querrá aumentar el número de sus votantes, pero con la sensibilidad que está apareciendo no parece que eso sea viable. Es como su actitud con la cuestión de la mujer, que tiene tics que me atrevería a calificar de ginéfobos. Es tremendo. En este país, ni la derecha ni la extrema derecha han alcanzado el grado de modernidad que se da por supuesta en otros países europeos. Invadir el espacio de las libertades individuales es una gran equivocación. La derecha sigue pasando por la sacristía antes de tomar cualquier decisión.

¿Y cuál es la visión de lo que estamos viviendo en Cataluña para un heterodoxo, biólogo, escritor…?

A mí lo que me molesta muchísimo es ese rasgarse las vestiduras de la derecha y también la izquierda, diciendo que se sienten engañados. Por ejemplo, Pujol no ha engañado nunca a nadie. Nunca quiso, para desesperación de Durán Lleida, que su partido se involucrara en el gobierno de España. Contrariamente a lo que había hecho Esquerra e incluso la Lliga, durante la República. Prat de la Riba partía de la idea del “laboratorio catalán”, que consistía en modernizar Cataluña para proyectar luego ese modelo al resto de España. Ahora eso está superado. Hace mucho que Madrid dejó de ser “una ciudad tibetana”, en palabras de Gaziel. Te paseas por España y el cambiazo es increíble. Esto es algo que el catalanismo no independentista aún no ha superado.

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