Máxima preocupación por los reiterados incidentes en la central Vandellòs 2

El envejecimiento de esta nuclear, que entró en servicio en 1988, es la causa de las averías
Central nuclear Vandellòs 2

A raíz de una denuncia presentada por la ONG tarraconense Sociedad Humana –entidad fundada por un grupo de abogados comprometidos en la defensa de los derechos humanos–, el Juzgado de Instrucción n.º 2 de Reus ha abierto una investigación sobre los protocolos de seguridad de la central nuclear Vandellòs 2. De momento, el juez ya ha practicado el testimonio de dos peritos, que han confirmado deficiencias en el funcionamiento de esta instalación atómica.

Los hechos investigados, que podrían ser constitutivos de un delito de “imprudencia muy grave”, ocurrieron a principios del año 2018. Concretamente, el 13 de febrero, los responsables de la central detectaron un goteo de agua en el sistema de refrigeración del generador de vapor A. Esta incidencia se considera grave, puesto que estaba localizada en la barrera de presión que rodea el núcleo del reactor y, por consiguiente, puede alterar su funcionamiento o provocar un escape de elementos radiactivos.

Según los activistas de Sociedad Humana, la dirección de Vandellòs 2, al detectar este goteo, tendría que haber procedido a parar inmediatamente la central para reparar este escape de agua en el sistema de refrigeración. Pero la Asociación Nuclear Ascó Vandellòs (ANAV), la empresa responsable de la planta, decidió mantenerla en marcha.

No fue hasta el 3 de marzo que, al constatar que el problema del escape de agua en la barrera de presión persistía, la ANAV comunicó al Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) que procedía a la parada del reactor. Según la denuncia presentada por Sociedad Humana a la Fiscalía del Medio Ambiente de Tarragona, es una gravísima irresponsabilidad que la empresa que explota Vandellòs 2 dejara pasar 17 días entre el descubrimiento de esta filtración de agua y la decisión de parar la planta para proceder a su investigación y reparación.

¿Qué pasó durante estos 17 días en los cuales la central continuó funcionando, a pesar de esta avería? ¿Qué volumen de agua se escapó de la barrera de presión? ¿Comportó esta negligencia de la dirección de la ANAV un riesgo para la seguridad de la instalación atómica? Estas son las cuestiones que el titular del Juzgado n.º 2 de Reus intenta aclarar con la investigación que mantiene abierta, en la cual, de momento, no hay ningún imputado.

Prórroga hasta el 2035

Lo que más preocupa es que, con posterioridad a este escape producido en el generador de vapor A de Vandellòs 2, se han detectado tres más, pero en este caso en los otros dos generadores de la central, el B y el C. Según consta en el rapport de incidencias notificadas que publica el CSN, el 17 de diciembre del año 2018 se detectó un escape de agua de la barrera de presión del generador B, cuantificada en 19 litros/hora. Esto obligó a parar el funcionamiento de la central.

El 4 de abril pasado se produjo una nueva parada no programada del reactor, al fallar una de las tres bombas de refrigeración. Los técnicos que se hicieron cargo de reparar esta avería descubrieron, además, un escape de agua en el generador de vapor B y la presencia de boro en los tapones de las válvulas de drenaje de los generadores B y C.

Y el 17 de abril pasado, el ANAV comunicó que se había producido una nueva parada automática del reactor de Vandellòs 2 a causa de que el sistema de protección había detectado un bajo nivel de agua en el generador de vapor C. Es decir, en el plazo de algo más de un año, esta central nuclear ha sufrido cuatro paradas no programadas, un síntoma muy preocupante en una instalación de estas características.

La planta de Vandellòs 2, que tiene una potencia de 1.087 Mw, entró en servicio en 1988 y, por lo tanto, acumula 31 años de funcionamiento. El reactor es un diseño de la multinacional norteamericana Westinghouse, y para refrigerarlo se utiliza el agua del mar.

Grupos ecologistas como Greenpeace o Ecologistas en Acción han denunciado el envejecimiento técnico de las centrales del tipo PWR, como es el caso de la de Vandellòs y también de las dos plantas que hay en Ascó. Esta tecnología está quedando desfasada y las estructuras y sus componentes dan signos de fatiga. Esta sería la explicación última de los reiterados escapes de agua que se están produciendo, de unos meses acá, en la barrera de presión del reactor.

Las dos entidades ecologistas reclaman también que el CSN endurezca los reglamentos y los protocolos de seguridad que regulan el funcionamiento de las centrales del tipo PWR. En principio, la autorización para operar de Vandellòs 2 finalizaba a mediados de este 2020. Pero el gobierno en funciones de Pedro Sánchez ha pactado prorrogar la vida de las nucleares, de forma que continuará en servicio hasta el año 2035… si antes no pasa nada.

El fantasma de Chernóbil

El 2019 se ha cumplido el 30.º cumpleaños del accidente de la central de Vandellòs 1, el más grave de la historia nuclear española. La noche del 19 de octubre del 1989, un fallo técnico en la turbina desencadenó dos explosiones y un gran incendio. Según las investigaciones posteriores, el fuego estuvo a punto de provocar la fusión del combustible del reactor (fue de solo 3 grados centígrados), hecho que habría tenido unas consecuencias catastróficas para Cataluña y los territorios limítrofes.

Si tomamos como referencia el incendio de la nuclear de Chernóbil, en 1986, se calcula que la superficie afectada directamente por la contaminación radiactiva provocada por este accidente fue de 160.000 kilómetros cuadrados (el territorio de Cataluña es de 32.108 kilómetros cuadrados). Aplicando el criterio de la “zona muerta” creada alrededor de la central ucraniana siniestrada, hoy localidades como Reus, Salou, Cambrils y l'Ametlla de Mar o el delta del Ebro serían cementerios a cielo abierto, sin rastro de vida humana si el fuego hubiera llegado al reactor.

Dada la gravedad del accidente, el CSN decidió “matar” la central de Vandellòs 1, que había entrado en funcionamiento en 1972. La empresa pública Enresa se hizo cargo de su desmantelamiento, que se llevó a cabo, en sus dos primeras fases, durante el periodo 1998-2003. En la actualidad, solo queda el edificio del reactor, que está en fase de latencia, esperando que los elementos radiactivos vayan perdiendo su intensidad. Se calcula que, hacia el año 2028, se retomarán los trabajos para desmontar definitivamente la estructura de la central.

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