La calidad de la sanidad pública ha bajado desde que Torra es presidente

El sobresfuerzo del personal sanitario evita que el caos sea total
Concentración a favor de la sanidad pública

Los recortes presupuestarios aplicados por el tándem Artur MasBoi Ruiz a partir del año 2010 enviaron la sanidad catalana a la Unidad de Cuidados Intensivos. Y allá está desde entonces. Antoni Comín, consejero de Sanidad con Carles Puigdemont de presidente, inyectó 57 millones de euros en un plan de choque para reducir la duración de las listas de espera. Funcionó durante un tiempo, pero el dinero se agotaron y el tiempo de espera para las operaciones quirúrgicas dio marcha atrás. Con Quim Torra y Alba Vergés de consejera de Sanidad, han empeorado.

El 30 de junio del año pasado había a Cataluña 154.686 personas en listas de espera hospitalarias. El 30 de junio pasado había cerca de 14.000 más. El desglose por especialidades da datos muy negativos. En 2010, un ciudadano que se quisiera hacer una ecografía urològica tenía que esperar 70 días. En octubre pasado tenía que esperar 40 días más.

El tiempo de espera para un ecocardiograma ha pasado de 68 a 103 días, el de una colonoscópia se ha duplicado, prácticamente, y ha pasado de 51 a 101 días. El de una ecografía abdominal, de 51 a 92, y el de una resonancia magnética se ha más que duplicado y ha pasado de 36 a 79 días. Una mujer que necesitara hacerse una mamografía hace nueve años tardaba 59 días en obtenerla. Ahora tendría que esperar 67 días.

Y no estamos hablando de pocas personas. En octubre, había 31.137 pacientes pendientes de una resonancia magnética y 15.158 ciudadanos que estaban en la cola de la lista de espera para hacerse una colonoscópia. Para hacerse una prueba de esfuerzo había 2.898. Muchos todavía no se la deben de haber hecho porque la espera para esta prueba es de cerca de tres meses.

En cuanto a las visitas al especialista, los datos tampoco son alentadoras: cerca de 200 días para una visita al urólogo, 131 para ser atendido por el alergólego, 109 por el traumatólogo y 106 por el oftalmólogo . En estas condiciones, la calidad de la sanidad pública queda en manos del personal sanitario. Del mismo modo que los pacientes están indignados con unas listas de espera tan largas, reconocen que el trabajo del personal sanitario es encomiable y es el único que evita el caos total.

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