Los valores europeos naufragan en el Mediterráneo

La Unión Europea no ha conseguido todavía una política común sobre inmigración y asilo, y las políticas que hacen los Estados miembros son irracionales y poco respetuosas con los derechos humanos que se supone que Europa defiende. En inmigración, lo más racional sería abrir ampliamente las posibilidades de migrar a la UE, entre otras cosas por las necesidades demográficas de una Europa en la que la población nativa disminuye y envejece. Pero, lejos de esto, lo que tenemos son directivas y reglamentos (leyes europeas) diseñadas para hacer difícil la entrada legal de inmigrantes y centradas en lo que denominan "lucha contra la inmigración ilegal". Y en asilo, lo más adecuado sería cumplir con nuestras obligaciones como países firmantes de la Convención de Ginebra sobre Refugiados de 1951, en lugar de utilizar toda la maquinaria de la "lucha contra la inmigración ilegal" para impedir que los refugiados lleguen a nuestras fronteras.

Hace años que las instituciones comunitarias intentan construir el Sistema Europeo Común de Asilo. Las directivas y reglamentos sobre asilo que empezaron a aparecer en el año 2000 no consiguieron armonizar las políticas de los Estados. Fueron reformadas el 2013 con la intención de hacerlas más efectivas, pero tampoco lo consiguieron. Las directivas están cargadas de ambigüedades y los Estados las transponen mal a las legislaciones nacionales. En 2016 se inició una nueva reforma que fue bloqueada por los Estados, y en 2018 la Comisión Europea hizo nuevas propuestas que ya veremos en qué quedan. En estos temas, los gobiernos de los Estados miembros campan a su aire, a pesar de que son asuntos de competencia comunitaria desde que entró en vigor el Tratado de Amsterdam en 1999.

En realidad, lo que bloquea la política de asilo europea es el auge de los discursos xenófobos, y lo que sí que prosperan son las medidas restrictivas y represivas para impedir que los refugiados lleguen a Europa: vallas y muros, sistemas de vigilancia fronteriza militarizados, acuerdos con terceros países (Turquía, Libia, Marruecos…) para que corten el paso a los refugiados, criminalización de las ONG que se dedican a salvar vidas en el Mediterráneo, eliminación de los dispositivos de salvamento de los gobiernos…
A consecuencia de esto, la UE recibe un número muy bajo de refugiados. Mucha gente cree que somos una de las áreas del mundo que más refugiados acogemos, pero la realidad es otra: sólo el 15% de los refugiados de todo el mundo están acogidos en los países más ricos (los de la UE, Canadá, EE.UU., Australia, el Japón y Nueva Zelanda). Los cinco países que mayor número de refugiados han acogido son: Turquía, Pakistán, Uganda, Líbano e  Irán. Ninguno de europeo. Turquía tiene más refugiados y solicitantes de asilo acogidos que los 28 países de la UE juntos. No recibimos, ni de lejos, los refugiados que proporcionalmente nos tocarían.

La otra consecuencia es que los gobiernos europeos obligan los refugiados a hacer trayectos extremadamente peligrosos para llegar a Europa. El Mediterráneo se ha convertido en la mayor fosa común nunca imaginada. En 2016 murieron 5.143 personas en el mar; en 2017, otras 3.116, y en 2018, 2.275. Puede parecer que ha disminuido la tragedia, pero, en realidad, lo que ha disminuido es el número de personas que intentan cruzar el mar, mientras que la tasa de muertes ha aumentado: una de cada 72 el 2016, una de cada 55 el 2017 y una de cada 52 el 2018.

El hecho es que están muriendo en el Mediterráneo personas que huyen de conflictos bélicos y que, por lo tanto, tienen el derecho de venir a un país europeo para presentar una solicitud de asilo. Los gobiernos europeos están vulnerando el derecho de asilo, lo cual los hace claramente responsables de estas muertes. Y no son menos responsables de todos los sufrimientos por los que pasan las personas refugiadas en sus peligrosos trayectos: las violaciones que la mayor parte de las mujeres sufren, la esclavitud en la cual muchas personas caen, especialmente en Libia, o las muertes como las producidas en un centro de refugiados bombardeado en este mismo país.

Los refugiados no tendrían que pasar por todas estas desgracias, Tendrían que tener la posibilidad de comprar un billete de avión o de ferry (mucho más barato que lo que pagan a las mafias) y presentarse en cualquier aeropuerto o puerto europeo para solicitar asilo.

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