Respect

Hablamos de civismo, de convivencia, de respeto, pero hablamos poco de diversidad o, en todo caso, se habla de forma negativa convirtiendo la diversidad en un problema a resolver. Demasiado a menudo el civismo es impostado, acaba siendo una normativa y esto  lo que evidencia es el fracaso del concepto. El civismo se basa en el reconocimiento del otro, de lo que se aporta, de lo que se hace visible, de lo que se es. Si esto no forma parte del día a día y se impone, deja de ser posible la convivencia.

Algunos discursos de la derecha hace tiempo que se han dedicado a predicar normativa y, en cambio, negar el derecho a ser, a la diversidad vital cotidiana. Nos han querido imponer normas predicando respeto pero han negado este respeto a todo aquello diferente y han puesto nombre y adjetivos a todo. Cuando alguien dice «lo políticamente correcto» es para hacer mofa o crítica cruel de lo que consideran diferente. Poco se dice que realmente «lo políticamente correcto» es lo que ellos imponen y no sale de la norma. Lo que es necesario vitalmente es romper esta norma que nos exige unos cánones, una manera monolítica de ser y vivir.

Lo políticamente correcto fue una manera como los demócratas de Estados Unidos quisieron hacer un cambio semántico y dar espacio a la diferencia, a la diversidad. Lejos de ser una norma cerrada y rígida era una manera de mirar el mundo y hacerlo vivo. Dar espacio a todo aquello que sale de la dicha y sacrosanta normalidad que, justamente, es la mayoría social.

Dar nombres y espacio a la pluralidad de voces y vidas es hacerlas visibles, cosa que la derecha casposa no quiere dejar pasar. Aquellos que durante años nos han adoctrinado con el espiritu nacional ahora nos imponen normas para acabar con el respeto en la convivencia. Critican al feminismo, el antiracismo, la lucha LGTBI… y lo satanizan para que se perciba como imposición. Exigen respeto hacia lo que ellos representan faltando de forma clara, directa al respeto a quienes ellos consideran vasallos. Es la apropiación del que quería ser un nuevo significado linguístico para los que habían sufrido opresión.

La ultraderecha de Trump, Bolsonaro o Abascal son un ejemplo de cómo se manipulan noticias y se elaboran otras falsas que den un sentido maligno a aquello que persigue la libertad, la justicia o la redistribución de la riqueza. Los discursos liberales quieren apropiarse del feminismo y la lucha LGTBI. Pactan con la ultraderecha sin miramientos, aceptan al que recortará libertades y después quieren estar, caiga quien caiga, en las movilizaciones que reclaman que no se recorten.

Siempre ha sido complicado personal y políticamente ir a un lugar a reclamar lo mismo que aquellas personas a quienes estás recortando derechos. Las movilizaciones del 8 de marzo –día internacional de las mujeres- o el 28 de junio –día internacional para la liberación LGTBI- han sido fiestas destacadas en las que Ciudadanos ha salido a insultar y hacer burla. Porque, ¿qué es sino rechazar la huelga feminista, hacer escarnio del manifiesto que la convoca y después querer participar de las movilizaciones que la reclaman? ¿Qué es sino pactar acuerdos programáticos en los que se recortan derechos laborales a personas LGTBI y una vez se llega a la manifestación del orgullo se reta al resto de manifestantes y se intenta imponerles su presencia? Y, finalmente, denominar fascistas a las mujeres feministas y manifestantes LGTBI. Así convierten a quién sufre en verdugo, de forma que son los verdugos quienes se autodenominan víctimas.

El respeto es la base de la convivencia y no se puede imponer. Se tiene que ejercer. Respetar a los y las otras es respetarse uno mismo. No es normal que quienes se autoerigen en líderes de la verdad y la razón impongan una manera de respetar mientras destrozan la educación y la convivencia. Ni que de forma sectaria se acuse y persiga a enseñantes que enseñan también los valores del respeto y la convivencia cotidiana. Ni que pidan encabezar la convivencia y agredan a periodistas en sus manifestaciones, arranquen símbolos de espacios privados y dividan la sociedad en buenos y malos. La estrategia del bombero pirómano.

«Respect find out what it means tono me» cantaba Aretha Franklin en 1967 y posiblemente en 2019 está todavía muy lejos de hacerse realidad esta demanda si quién la hace es quien infunde temor.

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