“El Cinturón Rojo” la semilla del cambio en el cambio Baix Llobregat

Hace cuarenta años todo estaba por hacer y no se sabía si todo era posible todavía. Cuarenta años después el Baix Llobregat es una comarca transformada de la mano de los ayuntamientos reales del cambio. De ciudades de aluvión, satélites, y dormitorio, construidas según los intereses del urbanismo especulador franquista, de calles sin asfaltar, cloacas a cielo abierto, sin servicios y equipamientos inexistentes, y un río, el Llobregat, vertedero de industrias y núcleos urbanos, que se desbordaba cada otoño, con las periódicas inundaciones, provocando muertos, a ser modelo de sostenibilidad y cohesión social con la recuperación del río, el litoral marino y la montaña, equipamientos educativos, sanitarios, culturales, comunitarios.

La comarca de la lucha obrera es hoy un referente en gestión municipal y sostenibilidad ambiental. No ha sido fácil ni sencillo llegar hasta donde lo han logrado estos municipios, antaño núcleos urbanos más o menos dispersos o agrupaciones de bloques de viviendas de hasta 18 plantas.

Cuando la izquierda ganó el año 1979 era nula la experiencia en gestión y legislación municipal. A medida que se empezaba a gobernar y a dar respuesta a las necesidades y reivindicaciones vecinales se tuvo que aprender qué quería decir gobernar una ciudad, con sus luces y sus sombras. Unos alcaldes, concejalas y concejales muy jóvenes, la mayoría en la generación de los veinte, que pasaban de la lucha obrera, vecinal y estudiantil a asumir las responsabilidades de gobernar sus ciudades teniendo que dar respuesta a las necesidades y reivindicaciones históricas.

Conservo en mi retina el recuerdo infantil, cuando visitábamos los amigos de Cornellá, de las calles sin asfaltar y llenas socavones de la Ciudad Satélite de San Ildefonso, con una iluminación escasa y precaria, las aguas negras sin canalizar y aquellos bloques de pisos gigantes. Esta era la realidad de los nuevos barrios de la comarca. Hoy cuando paseas por las ciudades del Baix Llobregat te quedas boquiabierto, no sólo por la gran transformación urbanística, sino por los logros conseguidos en cuanto a escuelas, hospitales, equipamientos comunitarios y vecinales.

Hoy ciudades con parques y plazas, hace cuarenta años eran ciudades en blanco y negro, hoy modelos en políticas medioambientales urbanas, en la gestión y tratamiento de residuos, con oficinas energéticas, centrales de biomasa y equipamientos con energías renovables pioneros en Europa.

Una comarca que estaba abandonada por los otros poderes, el estatal y el catalán, por su característica de comarca obrera y de campesinos muchos de ellos aparceros o pequeños propietarios de explotaciones familiares, y sin burguesía. La industria se instaló en ella en el siglo XX, sobre todo a partir de los años 50, cuyos dueños eran de fuera de la comarca. Hoy los logros y las mejoras han sido posibles porque estos ayuntamientos han sabido entretejer la colaboración institucional necesaria.

Ciudades que velan y apuestan por la igualdad de oportunidades en el acceso a educación y la cultura, con guarderías con sistemas de tarificación social en el precio, escuelas de música, auditorios, teatros, bibliotecas, centros y espacios de creación cultural. Donde se recuperaron las fiestas populares y las verbenas, y al lado de las habaneras, los gigantes y los castells encontramos la guitarra flamenca, las gaitas, las sevillanas, las jotas. Y donde al lado del catalán y el castellano hoy también se habla amazic y muchas otras lenguas. Ayuntamientos que han apostado por mantener la cohesión social a través de la educación, la formación y la cultura.

Entre los hitos a destacar el Pla Delta de El Prat, lo que podía haber sido una catástrofe se convirtió en una oportunidad para toda la comarca, gracias a la tenacidad de Lluís Tejedor, con la ampliación del aeropuerto, el puerto, la desviación del río y la construcción de la depuradora del Baix Llobregat.

Mención especial también merecen la recuperación de los espacios naturales de la montaña, del Llobregat y el su Delta, y del frente marítimo, con kilómetros de caminos por donde pasear a pie o en bicicleta, la recuperación y saneamiento de los pantanales marismas, estanques y dunas de las playas, como los parajes de El Remolar y Les Filipines

La comarca del Baix Llobregat de la mano de los ayuntamientos reales del cambio se ha transformado de comarca del orgullo obrero en el siglo XX a comarca del orgullo de ciudad en el siglo XXI.

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