Cambio climático, salud y federalismo

Los expertos ya advirtieron desde la cumbre de Paris y después de Bonn que si no conseguíamos rebajar la temperatura de la Tierra, y dejábamos que suba dos grados más, los efectos sobre el planeta podrían ser irreversibles. En los últimos 30 años cada década ha sido más cálida que cualquier década anterior. Cómo que el cambio climático no tiene fronteras, está influyendo en los determinantes sociales y medioambientales de la salud, como la calidad del aire y del agua, y también en la cantidad de los alimentos y en la posibilidad de una vivienda segura.

Según la OMS, el cambio climático causará unas 250.000 muertes adicionales cada año, entre 2030 y  2050. Entre ellas, 95.000 por desnutrición infantil; 60.000 por paludismo; 48.000 por diarrea; y unas 38.000 personas de la tercera edad por efecto del calor. La OMS estima que el coste de los daños directos sobre la salud se situará entre 2000 y 4000 millones de dólares desde ahora hasta el 2030, excluyendo de estos costes los que dependen de determinantes de la salud, como la  depuración del agua, la agricultura y el saneamiento y de los residuos y aguas residuales.

El aumento de temperatura incrementa la contaminación del aire con partículas pequeñas, que aumentan la incidencia de enfermedades cardiovasculares y respiratorias y multiplican por seis la presencia de asma y bronquitis en la infancia. El aumento de la acidificación del agua, llena de plásticos y microplásticos, junto con la del aire, ha aumentado los riesgos para la salud humana de la contaminación ambiental. La mayoría de los productos químicos tóxicos aumentan su densidad en condiciones de subida de la temperatura, y son disruptores endocrinos, alterando la función hormonal de los ovarios, de los testículos y de la función de la glándula tiroides. También incrementan los riesgos de cáncer de mama, linfomas, cáncer de páncreas y otros.

La disrupción endocrina en mujeres altera el ciclo menstrual, tiene influencia en la salud reproductiva, el aumento de los abortos espontáneos y placentas previas, prematuridad y bajo peso al nacer, y alteraciones de los genitales de los fetos. Los disruptores también tienen relación con el incremento de la esterilidad de hombres y mujeres y con el aumento de la obesidad y la diabetes de la población del mundo industrializado. Los efectos de los tóxicos ambientales pueden pasar de generación en generación, razón por la cual es urgente que se tomen decisiones ya ahora, como pide el movimiento de jóvenes cada viernes, para evitar no solamente el mal que causan en nuestras vidas, sino para evitar ese mal a las próximas generaciones.

Las amenazas por la salud son globales y los cambios del aire, del agua y las infecciones, no tienen fronteras y requieren ya y requerirán una governanza global y una política de alianzas federales, con gobiernos compartidos, a nivel del estado español y de Europa. Se tienen que coordinar la investigación, la docencia y las políticas públicas medioambientales y sanitarias. El cambio climático exigirá también cambios mucho más democráticos y federales en el funcionamiento de las Naciones Unidas, que tendrán que tomar decisiones globales. Todavía parece una utopía, pero los ODS (Objetivos para un Desarrollo Sostenible) son un embrión del futuro programa de la governanza federal mundial.

Necesitamos el esfuerzo de toda la ciudadanía consciente para hacerlo posible.

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