La compra del CF Reus por unos inversores de Miami resulta ser una ‘fantasmada’

Nada ha cambiado después de la fuga de Joan Oliver y a los americanos sólo les preocupa no perder el club chino BIT FC, comprado en el 2017
Los hermanos Onolfo todavía no han aportado ni un dólar, a pesar de las fantasiosas promesas.
Los hermanos Onolfo todavía no han aportado ni un dólar, a pesar de las fantasiosas promesas.

"Los americanos Russel Platt y Clifton Onolfo compran el CF Reus y lo salvan del desastre", anunciaban los titulares de la prensa de Tarragona el 21 del pasado enero, reflejando una sensación de alivio y de cierta satisfacción social al final de la larga agonía y sufrimiento de la etapa de Joan Oliver como propietario de la entidad. En aquellos días, pero, el aparato estatutario de la Liga de Fútbol Profesional (LFP) ya había desahuciado el equipo de la competición, mientras que los pocos jugadores con contrato habían quedado libres gracias a una sospechosa promesa del mismo Oliver. Los hermanos Onolfo, caídos providencialmente del cielo en el último momento, acababan de comprar un club muerto, sin equipo, sin recursos y sin liga donde jugar.

¿Por qué? La pregunta nadie se la planteó más allá de la sensación de haber salvado el Reus de caer en el abismo. Al menos, en aquel momento. La adquisición por los tres euros que cobró Joan Oliver en la operación fue celebrada como el principio de una nueva era de ilusión y de felicidad, incluida la esperanza de presentar recursos y garantías financieras a tiempo para la readmisión en la Liga 123. Una sensación ratificada por las primeras declaraciones de los Onolfo en nombre de US Real State Investment, la inmobiliaria de Miami repentinamente enamorada del Reus, adornadas de grandes planes de generación de ingresos y de impactantes planes de futuro. Entre ellos, construir un nuevo estadio para 16.000 espectadores, una cosa sorpresiva teniendo en cuenta que el club apenas cuenta con poco más de 2.000 abonados y que la entidad ni siquiera es propietaria del estadio municipal donde juega. O jugaba.

Un mes y una semana después, de Miami no ha llegado un solo dólar, ni ningún euro tampoco, la justicia deportiva ha expulsado el Reus, el primer equipo ya es historia y los trabajadores que quedaban -personal administrativo, servicios y cuerpo técnico del fútbol base- han denunciado los Onolfo por impago de las mensualidades. La oscuridad ha vuelto para quedarse.

La explicación es bien simple: a los nuevos propietarios no les preocupa en absoluto el Reus, ni el de antes ni en su formato actual, sin esqueleto deportivo, ni tampoco patrimonialmente ni mucho menos como proyecto de futuro. Por supuesto que, más allá de su amabilidad, los Onolfo no se sienten comprometidos ni en deuda con una afición que, exista o no, no tiene ninguna legitimidad para ejercer cualquier acción legal o administrativa respecto al CF Reus como SAE.

La conexión Miami-Reus hay que buscarla en otra dimensión y retrotraerse al mes de abril del 2017, cuando Joan Oliver anunció, por sorpresa, la compra del BIT FC, un club de fútbol chino de segunda división, entonces el primer club propiedad de capital extranjero de aquel país. El acuerdo fue presentado en Pekín por el mismo Oliver como una actuación estrategia clave para el futuro del Reus. Mucha palabrería, fanfarria, promesas y nada más. El "hermano" chino del Reus cayó en el olvido.

No así para los que pagaron la fiesta, una serie de inversores de Miami animados por un pseudoempresario con residencia en Sant Cugat, al parecer un especialista en oler buenos negocios, rápidos y rentables en todo el mundo, conocido del entorno de Joan Laporta. A través del ex-presidente del Barça se organizó la adquisición del club chino por una cantidad cercana a los 20 millones de euros, y actuó como titular de la compra el CF Reus, que aún hoy sigue siendo el propietario formal del BIT FC.

Cuando surgieron los rumores de venta, que en realidad siempre incluían por parte de Oliver y de Laporta una condicional supeditada a una comisión para ellos y el arreglo del lío chino, los probables compradores salían huyendo.

PRÉSTAMO E INTERESES

En la agonía, se dio la posibilidad que Joan Oliver simplemente le diera las llaves del club, finalmente, a quien quisiera, al primero que pasara por allí, también con un club chino en el paquete. Aquella extraña compra, financiada a través de un préstamo avalado por el grupo de inversores de Miami, se cerró en su día con un acuerdo paralelo según el cual el Reus se hacía cargo de los intereses, un compromiso que en los peores tiempos de Joan Oliver también se incumplió, como el resto de las obligaciones y responsabilidades contraídas moralmente y formalmente con la institución de Reus.

 

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