Tres días en Madrid

Dejarse caer por Madrid de vez en cuando es recomendable. Lo he hecho este fin de semana y he pasado allí tres días, que han coincidido con la victoria del Girona en el campo del Madrid en la Liga de fútbol y la del Barça sobre el Madrid en la final de la Copa del Rey de baloncesto. Ninguno de estos dos partidos se habría disputado si Catalunya fuera independiente de España.

Mi estancia en Madrid no ha coincidido, en cambio, con días de celebración del juicio a los políticos y activistas independentistas que tiene lugar en el Tribunal Supremo. He seguido por las redes sociales la multitudinaria manifestación en su apoyo que se celebró en Barcelona el sábado, lo que quiere decir que me he ahorrado la información partidista de TV3.

Las cosas se ven diferentes desde la distancia. Me esperaba una profusión mayor de banderas monárquicas en los balcones de las viviendas madrileñas. He tenido la sensación de que había más en los barrios ricos de la ciudad, del mismo modo que hay pocas estelades en los barrios y poblaciones catalanas donde viven las clases más humildes.

He visto la Gran Vía madrileña llena de personas que duermen en el suelo. Una Gran Vía donde se mezclan esos sin techo con mujeres que practican abiertamente la prostitución, gente que intenta hacer pequeños hurtos mientras la policía municipal los vigila y una multitud de turistas y peatones paseando y llenando los bares y restaurantes.

Hace tiempo que la distancia entre el ambiente y los hábitos de las grandes ciudades se ha ido desvaneciendo. La Gran Vía madrileña y el Portal del Ángel de Barcelona son prácticamente intercambiables. En un lugar y el otro nos encontramos con africanos que venden palos para hacerse selfies y músicos de calle de todas las nacionalidades posibles. A primer golpe de vista he detectado menos mujeres con velo y menos supermercados gestionados por pakistaníes que en Barcelona, pero en tres días no se puede hacer un estudio sociológico mínimamente fiable.

En tres días sí que se puede concluir que los problemas de Madrid y de Barcelona son los mismos. Nos podemos preocupar sólo por los de una ciudad o por los de las dos. Probablemente sea imposible resolverlos en pocos días en un lugar y otro, pero, puestos a intentarlo, quizás que lo hagamos en los dos. ¿No os parece?

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