«La Diagonal para arriba, sigue existiendo»

Entrevista a Mercè Claramunt
Mercè Claramunt
Mercè Claramunt

Abogada, sobre todo en familia y violencia de género. Trabajó durante cuatro años en la consejería de Interior del tripartito. Forma parte de la asociación de Dones Juristes y de la Associació Catalana de Juristes Demòcrates, de la que fue Presidenta. 

Entre las numerosas aristas del “Procés”, adquiere especial relieve la de carácter jurídico ¿Cómo percibe una abogada esta faceta jurídica del “procesismo”?

Los días 6 y 7 de septiembre fueron para mí un drama absoluto, no solamente desde la vertiente de mujer, de izquierdas y federalista, sino del plus con que vemos las cosas a través de nuestra formación. Como jurista, en mi caso. Me pareció tal atropello legal el que se allí se produjo, que no podía entender que parlamentarios compañeros y compañeras mías, con formación jurídica, pudieron votar a favor de la moción.

Es un lugar común el reproche nacionalista al gobierno español de haber judicializado la política ¿No es precisamente esto lo que ha hecho el “Procés”, a lo largo de toda su trayectoria?

Absolutamente. Me sorprende que personas con un conocimiento jurídico tan arraigado como Pi-Sunyer, que había trabajado en el Tripartito, que era un jurista de reconocido prestigio y llegó a formar parte del Tribunal Constitucional, actúen como lo han hecho en el “Procés”. Si lo jurídico fuera como dos y dos son cuatro, no habría problema. Obviamente es un ámbito interpretable, pero no con la elasticidad de un chicle, que dé lugar dijéramos a desbordar las compuertas de un Estado de derecho, como creo que se ha hecho. Hasta se puede entender a Santiago Vidal elaborando una cosa paralela (si un día somos no sé qué, tenemos una Constitución), pero que, desde dentro, con la legalidad vigente, se pretenda vestir toda la estructura jurídica de lo que se está haciendo (con las dos leyes que se aprobaron el 6 y el 7 de septiembre) no se puede comprender ¿Cómo a personas con formación jurídica no les chirría todo esto? Es como fueran médicos que van hiriendo o enfermando gente, en vez de tratar de curarlos. Un sinsentido.

¿Contrataron Artur Mas y los políticos del “Procés”, como en las películas americanas, a unos buenos abogados para ganar la causa?

Hay un juego perverso entre la política y lo jurídico. Es evidente que el “Procés” arranca como una patada hacia adelante para tapar todas las vergüenzas, que maquinan Mas y su entorno. Puede comprenderse que, más allá de la decisión política, participen asesores jurídicos, pero creo que ha sido mucho más frívolo de lo que nos podemos imaginar. En el “Procés” hay una frivolidad total. Luego, al filo del 6 y 7 de septiembre, si está clara la participación de los juristas, pero antes, al inicio, creo que ni se llegó a disponer de juristas para hacer una hoja de ruta. No se hizo como en cualquier despacho de abogados que, cuando llega, un caso, lo analizamos por aquí, por allá; esta prueba, la otra, pros y contras. Es decir, se prepara el tema. En el “Procés”, hay una frivolidad absoluta, consecuencia de las ansias por tapar todo. Era tal el embrollo jurídico que tenían (Palau, tres por ciento, locales embargados…) que, seguramente, había bastantes abogados metidos en ello para, además, tener a otros letrados o juristas pensando en la viabilidad del asunto. Porque, además, es inviable. Si hay profesionales del Derecho que pensaron en la viabilidad del tema, es para echarlos de cualquier colegio.

¿Qué papel juegan entonces organismos como el Consejo Asesor para la Transición Nacional, expresamente habilitado por el “Procés”?

Un buen jurista, claro, dispone de más recursos o experiencia para hacer frente a una causa, y para eso le contratan. Pero aquí no pasa eso. No se ha fichado a unos juristas para que con las leyes actuales sepan armar una vía legal. Se ha producido una perversa confluencia entre política y derecho, que desborda el marco legal. Y se lo comen. Desde mi formación, desde mi mirada jurídica (y no me considero especialmente exquisita), la deriva me resulta fascinante.

¿Y a que se puede achacar la deriva?

Lo achaco a lo que ahora dice la propia Ponsatí, que el Gobierno del que cual formaba parte jugaba al póquer contra el Gobierno español e iba de farol. Es decir, una frivolidad. Tiraron la pelota al campo y luego ¿Quién era el valiente capaz de ponerle el cascabel al gato diciendo, por ejemplo, “yo no lo veo así”, “discrepo”? No discrepas. Las dinámicas que se generan en los grupos políticos no permiten moverse, sobre todo en circunstancias especiales, como las del “Procés”. Y se explica también desde la ambición personal. Desde la política son incapaces de echar el freno de mano, porque están mirándose de reojo los unos a los otros, y hasta quizá pensando en que la dirección tiene algún as en la manga.

¿Y el papel de la gente movilizada?

También importante. Porque la “bona gent” existe. No habíamos puesto nombres a las cosas. Yo me siento catalanista y me he peleado por la “senyera”, para entendernos. Claro, eso era muy amplio, admitía muchos matices, pero no pasaba nada. Sin embrgo, el embrión de lo que se ha desatado existía, y como es más fácil seguir la bola… Con la misma frivolidad, con las mismas dinámicas que se han desatado en el ámbito parlamentario, se ha acabado haciendo la bola de la “bona gent”. Tenemos mucha necesidad de pertenencia, de sentirte formar parte de la tribu. Y eso lo ha instrumentalizado el “Procés” ¿Y cómo te sales de esto, sobre todo en los espacios más pequeños? Tú quieres ser como el de al lado y sentirte formar parte de esa realidad. Lo jodido es discrepar de ella. En Barcelona es muy fácil. La realidad es muy diversa y esa Cataluña de la que se nutre el “Procés” es, en alguna medida, consecuencia de la instrumentalización de los sentimientos, no perversos en sí, que sí que los hay. Si a esto le añadimos el analfabetismo democrático que padecemos, nada tiene de extraño que hayamos dado un salto atrás de 40 años.

¿La bola podría estar empezando a ralentizarse, aunque solo sea porque, como dijo Einstein, cuanto más rápido se va, el tiempo pasa más lentamente?

Por eso van renegando ahora. “Yo pasaba por aquí”; “no estábamos preparados”; “no era el momento…” La frivolidad es tan inmensa que lo mismo que no hicieron análisis pre-proceso, tampoco los han hecho post-proceso. No se han parado a pensar de manera sosegada, con herramientas jurídicas, políticas… El 27 de octubre, muchos pensábamos que Puigdemont convocaría elecciones. Era lo más razonable, viable y fácil ¿Cómo es posible que, en cinco minutos, con unos tuits, la cosa acabara como acabó? Estamos en manos no de aprendices o amateurs, sino de outsiders. Puigdemont, Torra… ¿Por qué elige Más como sucesor a Puigdemont?

Y todo esto es pos de un nuevo país que no se define, de un futuro del que no se habla ¿Por qué?

Porque se improvisa sistemáticamente, porque es frívolo hasta el propio relato. Y me llama mucho la atención de que la gente de la Diagonal, para arriba, para entendernos, no parezca plantearse con más realismo ese futuro, sin duda plagado de amenazas. Luego, el dinero ha hablado, pero solo un poco. Sabemos que el dinero es cobarde, pero a mi hasta se me está desmontando el mito de ese catalán del “seny”.

¿Esto nos lleva a preguntarnos si tras todo lo que estamos viviendo no subyace, también una crisis de clase?

Absolutamente. La derecha se ha desnortado en dos sentidos, como consecuencia de la corrupción y su secuela judicial, que ha coincidido con la crisis económica. Incapaces de dar respuesta a una cosa y la otra, optan por la fuga adelante. Y no soy capaz de imaginarme un nuevo escenario de la derecha catalana. ¡Ha caído tan bajo…! Están metidos en la bola y no saben cómo salirse de ella. Pero la Diagonal para arriba, sigue existiendo.

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