¡Que viene Vox!

Había una vez un pequeño pastor que se pasaba mucho tiempo vigilando sus ovejas y, como a veces se aburría viéndolas pastar, inventaba cosas para divertirse. Un día, decidió que sería una buena idea tomar el pelo a la gente del pueblo. Se acercó y comenzó a gritar: -¡Socorro! ¡El lobo! ¡Que viene el lobo! Los aldeanos cogieron lo que tenían más a mano y corriendo fueron a ayudar al pastor que pedía auxilio, pero cuando llegaron, se dieron cuenta de que todo había sido una broma de mal gusto. Y se enfadaron, ¡y mucho! Al pastor le hizo tanta gracia la ocurrencia que la repitió, con los mismos resultados. Al día siguiente, aún reía cuando lo recordaba. Pero nunca pensó que un día el lobo se acercara realmente, como así fue. El miedo le invadió el cuerpo y comenzó a gritar: -¡Socorro! ¡El lobo! ¡Que viene el lobo! ¡Se me comerá las ovejas! ¡Auxilio! Pero los aldeanos, pensando en lo ocurrido el día anterior, no le hicieron caso. Y fue así como vio, impotente, como el lobo se comía las ovejas.

A raíz del cuento infantil, hace años que siento a pastores gritar que viene el lobo de la ultraderecha. Hace años que los aldeanos que tememos a la bestia nos movilizamos con la voluntad de salvar a las pobres ovejas. Hasta ahora la sociedad ha conseguido salvar parte del rebaño, pero ahora parece que la llamada no va de guasa, y ​​no viene un lobo, viene una manada. Hasta ahora, el lobo llevaba piel de cordero y se camuflaba en medio de una derecha heredera del franquismo, la del PP (antes AP), una derecha no homologable a la derecha europea, pero que servía, al menos, para detener la derecha más ultra, que poco a poco hemos podido ver cómo se instalaba en toda Europa. Después llegó Ciudadanos, y con él empezó todo. Nacía desnudo en la Cataluña de la Norma como paladín de la unidad de España, y reivindicaba el centro como epicentro de sus sismos ideológicos -ahora, hace reír sólo pensarlo. Pronto se fue deshaciendo de romances para acabar mostrando su piel más derechista.

Y ahora aparece Vox y se muestra sin tapujos, descarado, a cara de perro, sin complejos, reivindicando la ultraderecha como suya. Un descaro que, con el efecto péndulo, ha ido escorando las derechas 'moderadas' hacia el extremo derecho del tablero político español. Así, ahora cuesta encontrar las siete diferencias entre Vox, Ciudadanos y PP. Es como una especie de melé donde cuesta distinguir quién es quién. Entonces, si toda la derecha es extrema, ¿qué hará el elector cuando vaya a votar? El peligro radica en la tentación de, puestos a votar, voten el original (Vox) y no se conformen con las copias.

Pero como muchos seguimos atrapados en la eterna rueda del hámster, parece que no nos damos cuenta de que esta vez viene el lobo de verdad y que, si no ponemos remedio, se nos comerá las ovejas, con el perro incluido.

Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado.

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