«En Cataluña hay una fractura social. Y hay riesgo de violencia»

Entrevista a Joan Saura
Joan Saura

Militante de Iniciativa per Catalunya Verds (ICV), de la que fue Presidente durante diez años. También fue Consejero de Participación e Interior, en el Tripartito. Ahora, dedica más tiempo a leer, a jugar al ajedrez (que le encanta), a andar…  O sea, “a vivir mejor”.

¿Cómo ve, entonces, las cosas?

Creo que estamos pasando momentos muy difíciles, en Cataluña y en el Mundo. En relación con la política, lo que más siento en estos momentos es perplejidad. Y creo que muchas personas están en esta situación. No se sabe quién manda en el Mundo. No se sabe que va a pasar pasado mañana. Y, sobre todo, cosas que parecían imposibles hace 20 años ahora se están produciendo. La reducción de los derechos humanos, Trump, el capitalismo financiero, la situación de Cataluña… Me quedo perplejo cuando veo que se dicen falsedades, con total desparpajo. Se dice, por ejemplo, que el 1 de octubre significó un mandato popular. Eso no es verdad. Respetamos la libertad y la democracia, dicen Torras y Puigdemont, cuando rompieron todas las estructuras democráticas de Cataluña y el Estado. Siempre he pensado que el mundo avanza, con momentos de retroceso. Y estamos en un momento de retroceso. Tal vez, peor. Porque el capitalismo industrial producía cosas y los beneficios se repartían entre los trabajadores y los empresarios. Pero el objetivo del capitalismo financiero no es producir sino especular. Y el capitalismo financiero manda sobre el Mundo. Con lo cual las desigualdades crecen, la precariedad crece. Y en Cataluña mismo, en España, las perspectivas de poder realizar su vida, son muy difíciles para los jóvenes.

¿Estamos asistiendo, pues, a un rebrote agudo de la lucha entre lo viejo y lo nuevo, aunque lo nuevo sea incomprensible?

Históricamente, la izquierda innovaba. Hablaba en nombre del progreso, del futuro… Y la derecha conservaba. En estos momentos, quien tiene la iniciativa no es la izquierda. Es la derecha. La izquierda, como mucho, está planteando preservar cosas, y si quiere recuperar su sentido tiene que ser capaz de llenar el hueco del futuro. Hemos pasado, en fin, de una izquierda innovadora a una izquierda conservadora, y de una derecha conservadora, a una derecha sin complejos, que hace propuestas de todo tipo.

¿Esta entonces la izquierda más condicionada por el “ser” que por “estar”, actuar, intervenir…? Qué es lo que la derecha parece saber hacer bastante bien

Desde la izquierda, hay que hacer política con principios, no de principios. La izquierda se queda a menudo anclada en planteamientos tópicos, en la inconcreción. Y eso la gente lo ve mal, porque la derecha no para de hacer propuestas, aunque pasan por un retroceso de derechos y libertades. Aquí está el desafío para que las cosas cambien. Porque el partido que se está jugando es entre un capitalismo financiero universal y una izquierda que juega a corto plazo, con propuestas pequeñas.

¿La épica glorificada no constituye un tremendo corsé para la izquierda?

Somos prisioneros del pasado y eso nos impide ver el futuro. La globalización, anatematizada por sectores de la izquierda, se interpreta como una cosa intrínsecamente mala. Pero la globalización es inevitable. En consecuencia, la pregunta es ¿La globalización puede permitir a la izquierda progresar, teniendo en cuenta esa realidad? Difícil de contestar, estando instalados en una visión negativa. En el no, sin matices.

La globalización no parece nada lineal, sino que, por el contrario, conlleva muchas y agudas contradicciones ¿En buena lógica de izquierdas, tal cosa no debería constituir un filón de oportunidades para la izquierda?

Hoy el día, el capitalismo industrial está sometido al capitalismo financiero. La especulación, que se ve en todos los niveles, es un enemigo del capitalismo productivo. Esta y otras contradicciones hay que saber aprovecharlas, pero lo que me parece más importante es que la izquierda sepa manejar los avances tecnológicos, científicos…, para hacer propuestas de futuro. En cambio, la izquierda mira al pasado, e intentar intervenir en el presente mirando al pasado resulta absurdo.

¿Ha perdido la izquierda el sentido de la curiosidad, que está en sus orígenes y en su razón de ser?

En las últimas décadas la derecha ha ganado la batalla ideológica, absolutamente. Hace 20 años, cuando veíamos un pobre decíamos “Es el sistema”. Hoy, mucha gente considera que, si es pobre, él es responsable de serlo. O achacar a la gente que tiene un trabajo normal la responsabilidad de que otros estén parados. O sea, juzgar las cosas desde un rasero sin o con muy pocos derechos. En este contexto, es muy importante ver como las entidades colectivas de los trabajadores se han ido disgregando.  Aparecen muchas manifestaciones de gente que reclama identidades o recursos económicos, al margen de los sindicatos. Esto es peligroso. Cuando yo era pequeño, mi padre, vivía sus avances en la medida en que la clase trabajadora avanzara colectivamente. Ahora se dice: Individualmente, te has de espabilar y si no lo haces es culpa tuya”.

¿Este triunfo del individualismo no es también consecuencia de la desaparición del proletariado como colectivo social, como clase, en el amplio sentido de la palabra?

Si, hay algo de esto. Vemos un mundo cada vez más desestructurado. Gente absolutamente desamparada, sin vínculos sociales, desprovista de todo. No tengo respuesta a qué hacer ante este panorama. Pero en esto, la izquierda también se encuentra a la defensiva. No produce innovaciones. El que se hayan ido han disgregado, disminuyendo o roto algunas entidades colectivas, junto a la desafección política, es fatal. Cuando yo era joven (entré a trabajar en FECSA a los 15 años), se sabía quién era el propietario, el amo. Hoy no se sabe. Puede ocurrir que esos fondos de inversión, horribles, que son hoy tan protagonistas estén participados por ahorros de trabajadores. Y quienes los controlan son los altos directivos. O sea, se especula con ahorro de los trabajadores.

En este contexto ¿Cómo el oasis catalán va asemejándose cada vez más un predio asilvestrado?

Hasta hace diez o quince años, los grandes conflictos eran socio-económicos. Desde entonces, aparece el conflicto de identidades. Históricamente, ha habido dificultades entre España y Cataluña, por decirlo de algún modo. Pujol fue haciendo una política, en el fondo supremacista, en la que el enemigo era España. Los partidos nacionalistas nunca pueden llegar a un acuerdo con el Estado, porque si así fuera perderían su razón de ser. Necesitan para existir un adversario exterior. Hicimos un nuevo Estatuto, que no rompía España, sino que fortalecía la relación con ella. La derecha española (que se diferencia de la europea en el no reconocimiento de la memoria histórica y en la creencia de que el federalismo es ruptura) impugnó el Estatuto ante el Constitucional. Artur Más, para quien entonces la independencia era un concepto atrasado, quiso aprovechar la situación, se pasó al independentismo y aquí tenemos el resultado.

Resultado que, entre otras cosas, ha abierto una brecha social en Cataluña ¿Acaso, nunca vio Pujol que además de su Cataluña había otra?

Influenciado por personas como Candel, en algún momento Pujol echó una ojeada a la realidad social, pero nunca reconoció su pluralidad. En este terreno, la izquierda catalana ha confrontado poco con lo que significa el independentismo, en un momento en que los grandes problemas trascienden las fronteras. Son necesarias políticas comunes de seguridad, fiscales, medioambientales…, porque estas cuestiones no se resuelven en cada país. Sacar eso de ahí, vía nacionalismo, significa ser reaccionario.

¿Cómo el independentismo acaba convirtiéndose en panacea para muchos catalanes?

Dice Marina Subirats que, ante la falta de perspectivas sociales, el independentismo era la última utopía en Cataluña. La independencia como solución a todo, incluida la rotura del ascensor social, como consecuencia de la crisis.

¿Cómo ve la desembocadura de todo esto?

Muy complicada. En Cataluña hay una fractura social. Y hay riesgo de violencia ¿Qué mantiene vivo al “procesismo”? La razón no. Se mantienen vivos eslóganes falsos. Pero no hay mandato popular, España no es fascista, Franco no existe… ¿A pesar de esto, porqué hay gente que da su apoyo a partidos que están diciendo estas cosas? Porque hay una emoción, que va más allá de la política. Y lo que está pasando en Bélgica (Puigdemont, etc.) es patético y grotesco.

¿No resulta el federalismo la única vía posible para la superación del conflicto?

Eso significa un reconocimiento de la plurinacionalidad de España, cosa que el PP está muy lejos de hacer. Espero que algún día los líderes de la derecha española vean que el federalismo asegura la unidad, como así lo entiende medio mundo. Y en Cataluña, padecemos déficits democráticos que la corrupción los ha hecho estallar. A lo que hay que añadir la creación de una estructura institucional a medida de Pujol y de Convergencia.

¿Qué puede significar Pedro Sánchez en el este panorama?

La moción de censura fue un alivio y Sánchez tiene que demostrar que puede gobernar, e intentar dar respuesta a cuestiones pendientes de la transición.

 

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