El periodismo catalán, a prueba este otoño

Nada permite prever que Tv3 y Catalunya Ràdio aflojarán su sectarismo y que las noticias falsas y las amenazas desaparecerán de las redes sociales
Albert Rivera y Lídia Heredia por las mañanas de Tv3
Albert Rivera y Lídia Heredia en els Matins de Tv3

La rentrée mediática se ha estrenado con un rifirrafe entre el líder de Ciudadanos , Albert Rivera, y la presentadora de 'Els matins', Lídia Heredia, Rivera afirmó que TV3 miente y es un aparato de propaganda separatista. Heredia se puso a discutir con él y a la salida de la entrevista representantes de los comités de empresa y profesional de la televisión pública lo interpelaron. Rápidamente, Carles Puigdemont y Quim Torra publicaron tuits defendiendo Tv3.

Días antes se había producido un incidente en que un cámara de TeleMadrid fue golpeado en medio de una manifestación de Ciutadans en el Parque de la Ciutadella a cuenta de la guerra de los lazos amarillos. Una asistente a la manifestación lo identificó como un trabajador de TV3 gritando que había intentado agredirla y en el ajetreo organizado el cámara se llevó un par de puñetazos que se convirtieron rápidamente en trending topic.

El otoño pasado fue prolijo en amenazas y ataques a la libertad de expresión y a los periodistas que cubrían el debate político catalán. Reporteros sin Fronteras y el Grupo de Periodistas Ramon Barnils recogieron en sendos informes los incidentes que se produjeron en este ámbito. "Reporteros sin Fronteras pide respecto al ejercicio libre del periodismo en Cataluña" titulaban los primeros. "1-O. Libertad de información en la cuerda floja" era el titular con que los periodistas del Grupo Barnils a través de Media.cat introducían el estudio en que analizaban las "Restricciones a los periodistas, a los medios de comunicación y a la ciudadanía en el contexto del referéndum de autodeterminación de Catalunya del 1 de octubre de 2017".

Son dos informes diferentes, con perspectivas contrapuestas en el posicionamiento sobre la independencia de ambos colectivos, pero que ponían sobre la mesa un problema real: En el otoño pasado, el ejercicio libre del periodismo y la libertad de información sufrieron mucho en Catalunya. Nada hace pensar que las cosas cambien apenas en otoño política caliente que tenemos a tocar.

¿Volveremos a ver como le quitan el micrófono al periodista Hilario Pino, de La Sexta, en plena transmisión? ¿Volverán a romper los cristales de Catalunya Ràdio o los de Crónica Global de madrugada? ¿Continuará Joan Maria Piqué intoxicando y amenazando a los corresponsales extranjeros desde su nuevo cargo de director del Programa Internacional de Comunicación? ¿Se mantendrán las quejas de los periodistas de Radio4, RNE y TVE en Catalunya por las directrices tendenciosas de sus informativos? ¿Las noticias falsas continuarán siendo el pan diario en las redes sociales? ¿Muchos periodistas verán como sus timelines de twitter se llenan de improperios y amenazas?

Los profesionales del periodismo y la política están convencidos que habrá muy pocos cambios. La aplicación del artículo 155 no tuvo repercusiones especiales en esta guerra. El PSOE se opuso a la intervención de Catalunya Ràdio y Tv3 y las cámaras que Vicent Sanchis hizo instalar en la entrada del centro de la televisión autonómica para grabar la posible ocupación por parte de la Guardia Civil quedaron obsoletas. Los servicios públicos de comunicación han continuado con su discurso independentista, sin esforzarse tan sólo a disimular, y las voces más alineadas con esta causa han renovado contratos para la nueva temporada: Laura Rosel, con Pere Mas moviendo sus hilos desde la dirección de 'FAQs', Pilar Rahola, Empar Moliné, Toni Soler, Quim Masferrer… seguirán ahí. Catalunya continuará siendo el único país de Europa donde el director de la televisión pública es una persona reprobada por su Parlamento. Habrá que ver como acaban las discusiones a la vista de todo el mundo entre PDeCat y ERC para repartirse Tv3 y Catalunya Ràdio.

El Parlamento estará funcionando bajo mínimos hasta pasadas las conmemoraciones del 1 de octubre. El aniversario de las sesiones del 6 y 7 de septiembre que dejaron en papel mojado el Estatuto y la Constitución se celebrará con el Parlamento a medio gas. No habrá pleno aquellos días.

Más optimista se puede ser con la actitud de los medios de comunicación públicos que dependen del Estado. A pesar de que los y las periodistas de estos medios no han desconvocado las protestas de los viernes, vistiéndose de color negro, la llegada de Pedro Sánchez a la presidencia del gobierno ha comportado el desbloqueo de la elección democrática de los gestores de RTVE. El otoño catalán será una prueba de fuego para ver si el equilibrio y la ecuanimidad llegan a RNE y TVE después del nombramiento de Rosa María Mateo como administradora única provisional del ente del que dependen.

La confusión entre periodistas y propagandistas se mantendrá a pesar de que hay algunos que han aterrizado en posiciones más objetivas. Algo pasa con los informes médicos en Catalunya puesto que casi nunca llegamos a verlos. Pasó con los mil heridos del 1 de octubre y ha pasado con las lesiones en la nariz del fotoperiodista Jordi Borràs causadas por un policía nacional y la de la mujer agredida en el Parque de la Ciutadella cuando arrancaba bandas amarillas de la verja que lo rodea. Veremos si en las manifestaciones que se acercan –las de unos y las de otros- también hay periodistas que acaban en el hospital, como Jesús Badenes, del Diario de Girona, el 3 de octubre, después de recibir una patada en la cabeza por parte de no se sabe todavía quién.

El maná de las subvenciones a los medios ha vuelto a fluir y ya se sabe que 'la repartidora' compra voluntades. La máquina funciona a todo trapo estos días. Encontraréis poca ecuanimidad en Internet, donde muchos portales digitales se aguantan gracias a este dinero. Y habrá que ver si los mozos de escuadra o la policía local sólo piden la identificación a los periodistas de medios como e.notícies o Ñ Pueblo, en Cabrils, y a Arcadi Espada, en l'Ametlla de Mar, o si también identifican a los de medios estelados.

Pocos motivos, pues, para la esperanza en un periodismo objetivo, plural y serio en estas próximas semanas. Los que apuesten por ello ganarán en respetabilidad pero perderán en audiencia.

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