En verano, la combinación de vejez, pobreza y calor se convierte en una mezcla muy peligrosa

El calor suma complicaciones a las que sufren habitualmente las personas de edad avanzada que viven en pisos sin ascensor y con pensiones precarias. Son problemas que no se resuelven con cuatro consejos bien intencionados
A los problemas que sufre la gente mayor pobre hay que añadir las ola

El calor afecta especialmente a la gente mayor (también a los niños más pequeños). Las estadísticas son implacables. Los estudios realizados muestran que la mortalidad crece en Catalunya un 19% cuando hay olas de calor. Entre el 1971 y el 2000 murieron 310 personas de media cada año por culpa del calor excesivo. Esta cifra podría multiplicarse por ocho en 2050 si no se aplican medidas eficientes para combatir los efectos de la temperatura elevada. El calor extraordinario del verano del 2003 se llevó 6.500 vidas en España, según el Centro Nacional de Epidemiología.

Cuanta más edad se tiene, más riesgo hay de mortalidad por culpa del calor. Las temperaturas altas son un factor de riesgo para la salud de la gente, a pesar de que las olas de frío son más mortíferas que las de calor. Los ayuntamientos, las entidades proveedoras de servicios sociales y las que se centran en el apoyo a las personas de la tercera edad, hace ya semanas que les recuerdan las recomendaciones básicas a tener en cuenta: durante las horas de sol, cerrar las persianas de las ventanas donde da, abrir las ventanas durante la noche para refrescar la casa, quedarse en los aposentos más frescos, utilizar algún tipo de climatización de refresco (ventiladores, aire acondicionado, abanicos,…) o pasar al menos dos horas al día en lugares climatizados (bibliotecas, centros cívicos, comerciales, casales…) y refrescarse a menudo con duchas o toallas empapadas con agua.

Evidentemente, salir a la calle en las horas donde el sol aprieta más no es una buena idea para nadie, pero todavía menos para la gente mayor. En este caso, las recomendaciones incluyen evitar el sol directo (buscar cuantas más sombras, mejor), llevar gorra, sombrero o paraguas, utilizar ropa ligera (como la de algodón), de colores claros y que no vaya demasiado ajustada, descansar en lugares frescos o en espacios cerrados climatizados, llevar botellas de agua y beber a menudo, mojarse la cara e incluso la ropa, reducir las actividades intensas y vigilar los trayectos en coche durante las horas de más sol.

Son consejos tan elementales que a menudo las mujeres y hombres de la tercera edad se quejan cuando se les recuerdan porque dicen que ya los cumplen. Lo que no pueden hacer todos, sin embargo, es contar con aparatos de aire acondicionado en casa. De todos modos, este aparato puede convertirse en una arma de doble filo, porque así como refresca también causa constipados, que suponen un riesgo grave para la salud de las personas de más de 80 o 90 años.

Una quinta parte de las personas empadronadas en Catalunya tiene más de 65 años. El Instituto de Estadística de Cataluña (Idescat) calcula que, el 1 de enero de 2018, 383.678 catalanes tenían entre 65 y 69 años; 338.000 tenían entre 70 y 74 años; 235.654, entre 75 y 79 años; 224.207, entre 80 y 84; 151.378, entre 85 y 89; 67.210, entre 90 y 94, y 19.348 superaban los 95 años. La esperanza de vida en Catalunya es de unos 80,5 años para los hombres y de 86 para las mujeres. Esto hace que sean muchas las viudas y mujeres de edad avanzada que viven solas.

La soledad es uno de los grandes retos a los que tienen que hacer frente las personas de la tercera edad. En verano esta problemática se agrava. Por eso, Amics de la Gent Gran organiza vacaciones amigas para un centenar de mujeres y hombres, facilitándoles estancias en Calaf y en Vic. Las estadísticas para fijar exactamente cuántas personas viven solas en nuestras ciudades y pueblos son difíciles de hacer, porque es una realidad cambiante. El Idescat sitúa en unas 300.000 estas personas, de las cuales unas 223.000 serían mujeres y 73.400, hombres.

La soledad es dura todo el año, pero cuando el calor aprieta, cuando salir de casa da un poco de miedo y cuando en el barrio los vecinos se han marchado de vacaciones y todo está lleno de turistas, quita aún más el sueño. "Para muchas personas, estos días de verano en vez de ser de disfrute son especialmente delicados", asegura Pau Berbel, coordinador de la dirección territorial de Amicc de la Gent Gran. Berbel destaca que la pérdida de la sensación de comunidad complica la vida de la gente mayor. La ciudad va perdiendo los locales de referencia de toda la vida de muchas de estas personas, pero, además, durante el verano cierran algunas de las tiendas a las que acuden con regularidad y los casales y centros cívicos reducen mucho su actividad. Una de las pruebas que permiten constatar esta soledad es que si los preguntan a quienes dejarían las llaves de casa en caso de marchar algunos días, no pocas veces se encuentran que la respuesta es que "a nadie".

Administraciones y entidades mantienen puesta la atención sobre esta realidad. Pero todo el mundo tiene que hacer vacaciones y las personas que sustituyen a los asistentes sociales o a los voluntarios que atienden y ayudan a la gente que vive sola normalmente ofrecen un servicio de calidad inferior. La soledad no deseada genera depresión, ansiedad y agrava los males físicos preexistentes. Los casos extremos en que una persona muere en su casa sin que nadie se entere hasta pasados unos días son muy poco frecuentes. Los programas sociales para atender las personas de edad avanzada que viven solas o en núcleos familiares vulnerables van acompañados de iniciativas, como la que en Barcelona se ha bautizado como Radar, que convierte a los vecinos y comerciantes en informadores privilegiados cuando hace días que no se sabe nada de ellas. Pero esto no impide que, como dice Natalia Rosetti, coordinadora de la estrategia sobre cambio demográfico y envejecimiento del Ayuntamiento de Barcelona, "cuando llega el verano, los riesgos y las necesidades de apoyo se incrementan".

En Barcelona, como en otras ciudades, quedan muchos bloques de pisos sin ascensor. Las dificultades de movilidad que esto conlleva se concentran, precisamente, en los barrios donde hay más gente de la tercera edad: Nou Barris, Horta-Guinardó y Gracia. Donde viven más es en Ciutat Vella, si bien en los últimos tiempos ha disminuido mucho la población de más de 65 años que vive en viviendas sin ascensor.

Rosetti comenta que este fenómeno hay que analizarlo a fondo y quizás tiene que ver con el hecho de que las personas de esta edad que llegan al barrio lo hacen en pisos que sí que tienen ascensor, mientras que disminuye la población envejecida que vivía en pisos que no tienen.La acusación a los familiares de abandonar a la gente mayor sólo explica parte del problema. Para mucha gente, la soledad no llega por no tener contacto con hijos o hermanos, sino por la muerte de los amigos de toda la vida. Con todo, el peso de la familia continúa siendo importante en nuestra socieda. Y a menudo son los mismos familiares, casi siempre mujeres, los que hacen de cuidadores de los padres o madres que no se pueden valer solos. La Diputación de Barcelona dispone del programa Respir y el Ayuntamiento de Barcelona del Respir+, que atienden durante unas semanas a las personas dependientes para que sus familiares se puedan tomar un descanso. Estos programas funcionan durando todo el año, pero son especialmente solicitados durante las vacaciones de verano. Respir+ se creó porque Respir estaba saturado. Pero Respir+ ya está saturado.

Las necesidades de atención social de un colectivo que cada vez es más numeroso –el Idescat calcula que la población catalana de entre 65 y 84 años pasará del 14,8% al 18,2% el 2026– continuarán aumentando. Que los gobernantes catalanes y españoles se tomen seriamente la necesidad de aumentar la dotación económica y humana de la atención a la dependencia es urgente para hacer frente a una realidad en qué demasiada gente mayor no encuentra casa o residencia donde poder vivir con tranquilidad y dignidad los años de vejez. Porque no tiene acceso a las plazas públicas existentes o porque no puede pagar las fortunas que le piden en las residencias privadas. Ni en verano ni el resto del año.

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