Nosotros juntos

El reloj que cuenta el número de habitantes de la Tierra indicaba, el 5 de febrero pasado, que éramos 7.599 millones. Como los catalanes somos unos 7,5 millones, podemos concluir que uno de cada 1.000 ciudadanos del mundo es catalán. En números redondos.

La trayectoria de la Humanidad viene marcada por movimientos centrífugos y centrípetos. Tenemos organizaciones como las Naciones Unidas que se supone que deberían velar por la paz, la concordia, el respeto por los derechos humanos y el progreso en todo el Planeta. Tenemos la Unión Europea, que se supone que debería hacer lo mismo en el ámbito de nuestro continente. Y tenemos los actuales estados-nación.

Hay quien cree que los estados-nación van camino de desaparecer. Y hay quien lucha por crear otros nuevos. En Catalunya, por ejemplo, hace años que vivimos inmersos en un debate cada vez más áspero, sobre la necesidad de convertirnos en uno de esos nuevos estados-nación.

El nuevo presidente de la Generalitat es de los segundos. También lo era su antecesor en el cargo, Carles Puigdemont. No es el caso de quien los antecedió a ambos, Artur Mas, que hizo el tránsito del autonomismo al independentismo hace apenas unos años.

A Quim Torra le fascinaban movimientos independentistas catalanes, como Nosaltres Sols, que creó un comando militar para combatir un Estatuto de Autonomía, el del 1932, que no le gustaba. Nada nuevo bajo el sol, pues, en las peripecias que estamos viviendo en las últimas semanas.

Se suele traducir «Nosaltres Sols’ en irlandés como «Sinn Fein«, nombre del clásico partido independentista de Irlanda, aunque la traducción correcta sería «nosotros mismos». Grupos sociales y partidos políticos con nombres y propuestas similares han aparecido y siguen brotando como setas por todas partes. Los últimos en sumarse a esta dinámica han sido los dos partidos que han pactado un nuevo gobierno en Italia -la Liga y el Movimiento Cinco Estrellas- que han hecho campaña con el lema «los italianos, primero».

Cuando escucho catalanes, italianos, franceses, suecos o a Donald Trump decir que «los suyos» son los primeros, pienso si después de ellos, el resto va ordenado o les da igual. ¿Quiénes son los segundos? ¿Y los últimos? ¿Depende de si los tienen más cerca o más lejos?

Los que consideran que los catalanes deben ir primero, ¿colocan a los valencianos antes que los baleares, al revés o a ambos colectivos al mismo nivel? En todo caso, ¿valencianos y baleares irán siempre por delante de los madrileños, andaluces, aragoneses, bretones o bávaros?

Me atraen más las propuestas que hermanan que las que separan, pero también debo decir que tal y como va la globalización a veces entran ganas de cerrar las puertas y ventanas de casa y conectar la alarma.

De momento, sin embargo, aunque creo que es mejor «nosotros juntos», aunque sea mal acompañados.

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