El Raval se moviliza en protesta contra el ‘matonismo’ inmobiliario

El barrio pone en marcha la campaña #RavalResistimos para hacer frente al acoso y crea un teléfono antidesahucios
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Como en la historia de los diez negritos de la escritora Agatha Christie, los inquilinos del edificio de la calle Lancaster, 13 del Raval han ido desapareciendo uno por uno, víctimas, en este caso, del acoso inmobiliario de un fondo de inversión que ha comprado el bloque para transformarlo en apartamentos de lujo a tocar de la Rambla. El último episodio de esta repetitiva historia con trasfondo especulativo en el corazón de Barcelona se produjo el 20 de marzo, cuando la empresa propietaria empezó las obras de rehabilitación sin tener el correspondiente permiso municipal y con la última familia que se resiste a marchar antes de que venza su contrato de alquiler dentro de casa.

OBRAS SIN LICENCIA

Los vecinos dieron la alerta al ver como un grupo de operarios empezaba a tirar tabiques y corrió como la pólvora por el barrio hasta llegar al despacho de la regidora de Ciutat Vella. La respuesta de Gala Pin fue inmediata y, después de comprobar que no constaba ninguna comunicación oficial sobre el inicio de la reforma, envió a dos inspectores con una orden de cese de obras. La prueba que confirma los métodos de dudosa legalidad que ha empleado esta inmobiliaria para echar a los inquilinos es que negó el acceso de los inspectores en el interior alegando que era una propiedad privada y fue necesaria la intervención de la Guardia Urbana.

Tanto la regidora como las asambleas del Raval y Resistimos en el Gótico se encargaron de difundir por las redes sociales el enésimo intento de atemorizar a los últimos inquilinos con presuntas prácticas que se saltan una legalidad bastante laxa, que deja a los vecinos en una situación de vulnerabilidad vergonzosa. «Esta práctica tiene un nombre y se llama violencia inmobiliaria«, aseguraba Gala Pin a través de Facebook a la vez que reconocía que «es cierto que las leyes no son bastante contundentes ante estas prácticas, pero usaremos todas las herramientas que nos permita la ley para evitar que con estas prácticas coaccionen y echen a nuestros vecinos y vecinas».

La historia de expulsiones con coacciones vivida en la calle Lancaster, 13 no es nueva ni única, y no solo se produce en el Raval, sino que se extiende como una plaga por el Gótico –El TRIANGLE explicó el caso del edificio de Còdols, 13 limpiado por Desokupa- y llega ya a Sant Antoni. Por eso, ante la falta de leyes que garanticen el derecho a la vivienda y persigan la especulación, los vecinos del Raval han decidido hacer frente a los buitres y han empezado a organizarse comunitariamente contra la plaga de desahucios de los últimos meses. La última iniciativa ha sido la puesta en marcha de la campaña #RavalResistimos y la creación del teléfono de emergencias contra desahucios 608658149.

LEE EL REPORTAJE COMPLETO EN LA EDICIÓN EN PAPEL DE EL TRIANGLE DE ESTA SEMANA  

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