Ciudad global

Los pocos metros que separan los despachos de Ada Colau y Jaume Collboni son en realidad una brecha de profundidades abismales que, como la que está a punto de romper Islandia, no deja de ensancharse. Que las relaciones de los dos socios de gobierno son de conveniencia y que uno no se fía del otro lo sabe todo el mundo porque los chirridos del engranaje del bipartito municipal se oyen hasta en los lavabos. En el consistorio, los miembros de BComú van por los pasillos mirando de reojo hacia atrás por si acaso se encuentran a alguien de ERC con espíritu vengativo, pero mientras pierden el tiempo buscando fantasmas, el espabilado concejal socialista ya les ha metido unos cuantos goles.

El último sapo que la hada Colau se ha tenido que tragar de su socio es el plan de promoción económica internacional, una propuesta presentada en el último pleno que levanta ampollas porque apuesta por la Marca Barcelona, tan rechazada por los Comunes por representar a la vieja política y, sobre todo, por ser una fórmula mercantilista de entender la ciudad aplicada por los gobiernos socialistas –con el apoyo de ecosocialistas y republicanos- y convergente. Este modelo depredador de ver la ciudad como una máquina de hacer dinero es el que nos ha llevado al actual escenario de alquileres por las nubes, gentrificación y especulación inmobiliaria con la invasión turística como telón de fondo. Y ahora Collboni no la recupera –porque nunca ha desaparecido- sino que la promociona descaradamente.

El plan presentado por el PSC en el pleno de febrero está lleno de palabras modernas en argot económico que dejan al profano descolocado y mosqueado. Que si in-city promotion, que si startup city, que si hub, que si city branding, que si win-win strategy, que si smart city… ¡Cuántas palabrejas para vender el mismo humo que vendía el ex-concejal convergente –ahora víctima de persecuciones injustas- Antoni Vives! ¿What about the neighbourhood city, concejal Collboni? ¿Por qué en su plan no hay ni una sola línea dedicada a los vecinos, a los barrios, a la ciudad real que no a la new world city de sus amigos de Barcelona Global?

No hace falta ser un lince para saber que detrás de Barcelona Global hay un poderoso grupo de presión económico presidido por Gonzalo Rodés y formado por una lista interminable de socios corporativos protectores, socios corporativos a secas y socios individuales digna de leer. Sus impulsores no se esconden –aunque no hablen de lobby– como tampoco se esconde Jaume Collboni de recibir encantado su asesoramiento desinteresado. Sólo hay que contar las veces que aparece el nombre de esta asociación en el plan de promoción. En la información corporativa Barcelona Global se presenta como «una asociación civil privada, independiente y sin ánimo de lucro» para añadir seguidamente que es «una plataforma formada por líderes empresariales, emprendedores y profesionales que viven y trabajan en Barcelona y se preocupan por el futuro de la ciudad«. Siempre que obedezca a sus intereses, añado yo.

Este matiz es importante para leer entre líneas el plan de Collboni. Para convertir Barcelona en una ciudad global -expresión de moda inventada por Greg Clark, experto en city marketing, y adoptada por Barcelona Global-, nos hemos de vender al mejor postor y ahora el mejor postor es China. Y de paso, aprovechamos para enviar un mensaje a Colau: «Barcelona no se puede permitir quedarse de brazos cruzados. Además de trabajar para renovar constantemente su oferta como ciudad y su atractivo se ha de hacer promoción para mantener el buen posicionamiento y evitar que se desgaste con problemas que deterioren su imagen internacional«.

Mientras Collboni presentaba su plan, la cara de la alcaldesa y de su equipo era un poema. Este bipartito es un reino de taifas donde el PSC hace y deshace a su antojo aplicando la política de los hechos consumados. Desde su inexpugnable torre, los socialistas maniobran y buscan complicidades convencidos de que algún día recuperarán aquello que los convergentes y los comunes les usurparon. El único consuelo que me queda es que por fin los de CiU han decidido cambiar de nombre para hacer ver que son otra cosa. Ahora se llamarán Grupo Municipal Demócrata con un añadido de siglas que da para hacer una buena sopa de letras.

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