Los vecinos del Bosc d’en Vilaró, indignados con la alcaldesa de Montcada

Las urbanizaciones alegales proliferaron en Cataluña en los años 60 del siglo pasado, y ahora nadie se hace responsable
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El Bosc d’en Vilaró es una urbanización de 250 casas ubicada en la cordillera de Marina. Tiene 45 hectáreas, un 87% de las cuales en territorio de Montcada i Reixac y el otro 13% en Badalona. Se empezó a construir en la década de los sesenta del siglo pasado, en pleno franquismo. Ahora, al cabo de 57 años, las autoridades quieren que los vecinos firmen la cesión de sus viviendas, con el compromiso de abandonarlas para que se derriben, en un plazo de 30 o 40 años.

El Bosc d’en Vilaró, como casi todo el suelo de la zona, era de propiedad privada. Pertenecía a un particular que decidió parcelar y vender su finca de 47 hectáreas, enorme, que era todo bosque. En aquella época, en la que todo el mundo quería tener una casa en propiedad, hubo personas que se compraron un terreno, de manera transparente y legal, y cada cual se lo iba arreglando cómo podía. Se hicieron huertos, se construyeron barraquitas para las herramientas y para protegerse del sol y la lluvia los fines de semana.

Así, poco a poco, aprovechando veranos y días de fiesta, aquellas construcciones se fueron ampliando, se hicieron pozos para obtener agua, se construyeron fosas sépticas… y el conjunto acabó cogiendo la fisionomía de una urbanización. Entre los años 60 y principios de los 80 se construyó la mitad del Bosc d’en Vilaró. La otra mitad se edificó hasta el 1986, en un suelo adquirido por los amos de Can Debesa, un restaurante cercano, que compraron mucho terreno al propietario inicial, lo reparcelaron y lo pusieron a la venta.

LLEGA LA DEMOCRACIA

A principios de los 70, mucha gente solicitó el suministro de energía eléctrica, sobre todo para los pozos. Por eso, la antigua compañía Enher obligaba que los solicitantes acreditaran que disponían de una vivienda de al menos 50 metros cuadrados de superficie. En 1972 se concede el suministro eléctrico, que fue el primero que se otorgó en la parte más vieja de la urbanización. También llegó el servicio telefónico. Se pidió permiso a los vecinos para recubrir de hormigón -no asfaltar- los accesos, pagando, claro, los vecinos. Así, con aportaciones de los residentes, se va cubriendo el mantenimiento de la urbanización.

Llegó la democracia, y con esta el primer alcalde electo, José María Campos, que fue primero militante del PSUC, después del PCC y finalmente de ICV, y además es el padre de la actual alcaldesa de Montcada, Laura Campos. Estuvo veinte años al frente del consistorio y no facilitó mucho las cosas para que la urbanización del Bosc d’en Vilaró se regularizara. En 1976 se había aprobado y puesto en marcha el Plano General Metropolitano, que considera el paraje como zona forestal.

En aquel momento ya había allá más de un centenar de casas, se había constituido una junta administrativa y los vecinos estaban regulados por unos estatutos internos… Entonces, el abogado que asesoraba los residentes presentó alegaciones para que hubiera una recalificación del suelo, porque la gente ya estaba allí antes de que se publicara el plan en el BOE. Y no pasó nada. Nada en absoluto. 

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