El vicepresidente de la Generalitat, Oriol Junqueras, y la vicepresidenta del gobierno español, Soraya Sáenz de Santamaría, se reunieron en Barcelona. Era un encuentro esperado, pero las dos partes se comprometieron a hacerla «discretamente» y no avisar la prensa. Nada más lejos de la realidad. Los dos sabían que no serviría para nada, que nadie cambiaría el discurso y que ningún acuerdo saldría. Pero para los dos era interesante que se visualizara. Es por eso que, una y otra institución se dedicaron a avisar los medios sobre la hora y el lugar. A Junqueras le interesaba la foto de Santamaría entrando y saliendo con las manos vacías. Y a la vicepresidenta la del Estado practicando aquella operación diálogo. Pero los dos se dedicaron a repetir el mismo discurso de siempre. Ninguna novedad, ninguna utilidad.
