La resurrección de Rajoy

Decía con acostumbrado acierto John Lennon (para quien reivindico un Nobel de literatura a título póstumo) que «la vida es aquello que pasa mientras estás ocupado haciendo otros planes«. Esto suele ser así en un 99’9% de los humanos, excepto si te llamas Mariano Rajoy Brey.

Mientras los otros ocupábamos el tiempo haciendo planes, ergo pasaban cosas, él miraba impertérrito, con aquel rictus neutro de gallego que no sabes si llega o se va o si sube o baja, o de registrador de la propiedad cuando pone aquellos ojos de cuando las vacas ven pasar el tren, todo ello sin hacer más planes, dejando transcurrir el tiempo, impasible. Así es y se comporta el reelegido e ínclito presidente del gobierno popular español. Mientras lo era en funciones, leía el diario deportivo Marca y dejaba la mente en blanco (las dos cosas son compatibles), han pasado cosas, y no pocas, a ambos lados del Ebro.

Mientras el plantígrado compostelano hibernaba, su principal adversario, el PSOE, se ha roto. A ojo de buen cubero, no parece una ruptura limpia, fácil de recomponer, más bien recuerda aquellos vasos que al caer al suelo de la cocina se despedazan en mil trocitos y ya resulta difícil si no imposible rehacer la unidad. Tras reiterar de manera pesada el mantra del no es no, al final el no ha resultado ser abstención, que para el caso es un sí enorme.

Y para forzar el giro copernicano de la historia, antes tuvieron que afinar asperezas: como en el goyesco cuadro Saturno devorando a su hijo, el PSOE se ha comido a Pedro Sánchez, y de la ingesta, los socialistas españoles se han dividido entre los ortodoxos que defienden el statu quo y unos pocos menos, heterodoxos (entre ellos del PSC), que jamás de los jamases querían ver más tiempo a Rajoy de presidente.

Huelga decir que ganaron los primeros. Así, Rajoy, paciente donde los haya, esperó ver pasar el cadáver de su enemigo, y lo ha conseguido. El desenlace hace pensar ahora en el cara a cara televisivo entre Rajoy y Sánchez, donde en un momento dado el segundo tachó de indecente al primero. La venganza es un plato que se sirve frío…

Dicen que en política, como en tantas otras esferas de la vida, si te bajas los pantalones, aunque sólo sea una vez, ya nunca te los podrás volver a subir. Rajoy lo sabe y disfruta sobremanera observando la guisa de los pantalones de sus adversarios, PSOE y Ciudadanos, bajados hasta los tobillos.

Como hizo San Pedro, o como así lo explica el Evangelio según Mateo, los dos partidos que han permitido la investidura de Rajoy lo negaron (en este caso bastante más de tres veces) antes de cantar el gallo, y ahora se lo tendrán que comer con patatas. Al día siguiente de todo, ya lamentaban unos y otros la mayoría de las designaciones ministeriales que, mira por dónde, ahora resulta que no tienen un perfil suficientemente dialogante. Mientras haya burros montaremos a caballo, debe pensar Rajoy.

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