Don’t Stop Me Now

La canción de Queen Don’t Stop Me Now fue elegida en 2005 por los espectadores del programa de la BBC Top Gear como la mejor canción «para conducir» de la historia. En castellano vendría a ser «no me pares ahora» y viene a decir lo que reivindica el hombre que más y con más pasión la bailó y cantó en la pasada campaña electoral catalana, el líder del PSC, Miquel Iceta. El político barcelonés, y con él el partido en bloque, desoyendo las instrucciones del PSOE, han decidido no parar ahora y mantener el voto contrario a la investidura de Mariano Rajoy, digan lo que digan y/o amenacen lo que amenacen ahora sus compañeros socialistas españoles (aquellos que no hace demasiado se desembarazaban del hasta entonces líder socialista, Pedro Sánchez, por defender lo que defiende ahora con vehemencia acostumbrada Iceta).

Aparte de «no parar ahora«, la canción que cantaba el irrepetible Freddie Mercury entre otras cosas también dice: «me lo estoy pasando tan bien, estoy de fiesta… soy un satélite, estoy fuera de control… estoy viajando a la velocidad de la luz… no me pares… «. Desconozco si Iceta se lo está pasando tan bien en este tour de force entre socialistas, o si es un satélite fuera de control que viaja a la velocidad de la luz, pero lo que sí parece meridianamente claro es que no está dispuesto a detener el vehículo en el que viaja.

En cine, Hitchcock popularizó la expresión MacGuffin para indicar aquellas tramas secundarias que hacen avanzar los personajes en la historia de la película pero que no son la trama principal. Por ejemplo, en Psicosis la trama inicial, en la que una mujer huye con dinero robado, acaba siendo irrelevante en el devenir de la película que, como todo el mundo sabe, va de otra cosa. El no es no de Iceta parece querer sacar el PSC de la situación de MacGuffin en la que se había situado en los últimos años (de Pere Navarro hasta ahora, aproximadamente). Los socialistas catalanes, relegados a mera comparsa en el escenario catalán y español, se reivindican ahora, y quieren volver a ser trama principal de la película que se está rodando.

La firmeza del PSC genera indignación dentro del PSOE que, como muy poco, lo quisiera ver castigado, si no expulsado. Parafraseando Monterroso, cuando despertó, el dinosaurio Ibarra todavía estaba… Renacen los viejos fantasmas que amenazan con crear una franquicia catalana del PSOE que haga la competencia al PSC. La pregunta sería: ¿con quién? Ya lo intentaron en el pasado (no es la primera vez que PSOE y PSC están a la greña) y ni Manuela de Madre ni Celestino Corbacho aceptaron la envenenada invitación.

El PSC lo tiene claro, no puede ni quiere abstenerse (eufemismo de ‘sí’) y facilitar la investidura del derechista Mariano Rajoy. Sabe y acierta que su electorado o lo que queda de él no se lo perdonaría, como posiblemente no se lo perdonará el electorado del PSOE o lo que queda de él en España. El PSC ya cometió en su día el estúpido error de dejar en manos de otros el derecho a decidir y no se puede permitir ahora renovados resbalones que lo vacían de sentido.

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