A la búlgara

Es reconfortante comprobar cómo las votaciones a la búlgara de las cúpulas políticas no son sólo patrimonio del comunismo. No sé si es que CDC-PDC ha querido rendir un pequeño homenaje a la memoria del PSUC, que acaba de cumplir años en un estado de momificación admirable, pero la cuestión es que los asociados convergentes han entronizado a Artur Mas como presidente con un 95% de los votos y han aprobado los estatutos con más del 97%. Todos los guateques políticos de Convergencia siempre me han parecido aburridos por previsibles y las primarias son una prueba de ello. Sólo recuerdo momentos memorables cuando compartía negociado con el abogado Duran y las cuchilladas con Unió –otro partido que votaba siempre a la búlgara su politburó- iban y venían a la velocidad de la luz.

Algún lector pensará que no todo ha sido tan previsible en estas últimas votaciones porque Santi Vila se ha quedado con un palmo de narices y no presidirá el Consejo Nacional. Es bonito ver cómo los medios del régimen intentan hacer creer a la opinión pública que los convergentes discrepan entre ellos y que hay candidatos que son oficialistas y otros que no se sabe bien qué son. En el caso de Vila, el consejero de Cultura ha tenido la mala suerte de recibir el apoyo de Carles Puigdemont. Y ya sabemos que el presidente de la Generalitat no destaca por su intuición política precisamente. Y no lo digo sólo por la vista que tuvo con la CUP o con el nombre del nuevo partido. Lo digo también por sus memorables declaraciones de estadista condenando el golpe de Estado de Turquía y loando el espíritu democrático del dictador Erdogan.

Lejos queda ya la votación secreta para entronizar a la popular Ana Pastor como presidenta del Congreso a cambio de conseguir apoyos para el grupo propio y la subvención correspondiente porque ahora toca hablar de los actos patrióticos de la Diada y de la cuestión de confianza a la melena de Puigdemont. No me extenderé mucho en valorar el papel que el incombustible Francesc Homs ha jugado en la perpetuación de los estereotipos de los catalanes como peseteros. Le disculpo porque a pesar de haber visto un poco de mundo no puede negar sus orígenes pujolistas. Ha mamado la filosofía de la puta y la ramoneta desde bien joven, primero en comarcas y luego en los cómodos despachos del gobierno catalán. Es lo que tiene pertenecer a una de las sagas familiares con más pedigrí del pinyol convergente ahora rebautizado como demócrata catalán.

Sin embargo, yo de lo que quiero hablar es de la CiU de Xavier Trias. Nombro la federación que tantos momentos estelares nos ha brindado porque en los ayuntamientos catalanes convergentes y democristianos mantienen el sagrado vínculo del matrimonio con una armonía envidiable. En el caso de Barcelona parece que soplan vientos de tormenta. Una vez desbancado del poder orgánico, el consejero Vila tendrá más tiempo para intrigar y hacerle la cama al heredero designado oficiosamente por un Trias a punto de jubilarse después de tantos años de servicio al pujolismo. Viendo el show montado en el partido convergente, no me extrañaría que el pobre Joaquim Forn se quedase para vestir santos porque parece ser que de lo que se trata ahora es de hacer creer que han cambiado a pesar de ser los de siempre. Y en esta apuesta encaja más el perfil del guapito Vila que del picassiano Forn, siempre a la derecha del Padre.

Debe ser este desconcierto interno lo que explica el video que la desmemoriada federación barcelonesa ha difundido a través de las redes sociales para conmemorar el primer año de mal gobierno de la alcaldesa Colau. CiU acusa al gobierno usurpador de no hacer cumplir las normas usurpando ella misma el papel reservado al popular Alberto Fernández Díaz como martillo de herejes y defensor del orden constitucional. La efeméride se resume en suciedad en las calles, conductas incívicas, ruido, permisividad y molestias a los vecinos. Todos, problemas que los barceloneses soportamos desde hace años y que la política del todo vale por el turismo de Trias ayudó a consolidar con el apoyo del hermano del ministro Torrente también escogido siempre a la búlgara.

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