El PP ha subido. ¿Ya podemos ser insolidarios?

Las elecciones del pasado día 26 de junio modificaron el panorama en el Congreso de Diputados. El PP ganó 14 escaños, que le sitúan aún muy lejos de la mayoría absoluta con la que ha gobernado desde 2011. El PSOE perdió cinco y Ciudadanos, ocho. Unidos Podemos obtuvo los mismos que seis meses antes en las elecciones a las que se presentaron por separado Izquierda Unida y Podemos y que ahora iban en coalición.

Estos resultados alejan la posibilidad de un gobierno formado por Podemos y PSOE y, por tanto, todo apunta a que si hay gobierno estará liderado por el Partido Popular de Mariano Rajoy, el partido que ha hecho bandera de la oposición a la negociación con aquellos que le pedían que autorizara un referéndum que contemplara la posibilidad de la independencia de Cataluña.

Ante esta realidad, todos hemos leído, escuchado o visto explicaciones de personas que dicen que no hay nada que esperar de España y que se pasan al independentismo. Esta conclusión se suma a la que ya hace años que vienen repitiendo los partidarios de la independencia. Cada decisión del gobierno de Mariano Rajoy que recortaba competencias autonómicas o impugnaba decisiones del gobierno catalán, cada exabrupto de un ministro centralista, cada desbarajuste en el servicio de trenes de Cercanías, cada tuit de un fascista español descerebrado servía para justificar la opción separatista. El triunfo del PP sería, ahora, la pieza definitiva en este proceso mental.

Pero esta reflexión trasladada a niveles políticos superiores nos llevaría al aislamiento absoluto. Si la victoria del PP en España nos debe llevar a desentendernos de los problemas de los españoles, ¿tenemos que reaccionar igual si en el Parlamento europeo la mayoría es de la familia política del partido de Mariano Rajoy? ¿Hemos de decir que «allá ellos» en Europa porque no nos gustan las políticas que impone Angela Merkel y aplica Jean-Claude Juncker?

Más aún, una Cataluña independiente ¿debería formar parte de la Organización de las Naciones Unidas teniendo en cuenta que el Consejo de Seguridad está controlado por los países más vinculados al colonialismo y al belicismo y que nos sentaríamos junto a estados que vulneran brutalmente numerosos derechos humanos fundamentales?

Hay ciudadanos de Estados Unidos que dicen que si Donald Trump llega a presidente de su país optarán por nacionalizarse canadienses. No lo harán. O lo harán muy pocos. Mande Trump, mande Hillary Clinton, o mande quien sea, hay cientos de millones de ciudadanas y ciudadanos de los Estados Unidos que agradecerían que no les dejen abandonados si tienen la desgracia de que el multimillonario de Nueva York llega a la presidencia. También hay muchos ciudadanos que dicen que marcharán de Cataluña si se separa de España. Tampoco lo harán.

Desentenderse de las necesidades y aspiraciones de los ciudadanos más empobrecidos es egoísmo. Renunciar a luchar contra los que imponen políticas injustas y promotoras de desigualdad social es insolidaridad. En Barcelona, Madrid, Londres, Bruselas o Nueva York.

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