Puigdemont, enano, habla castellano

Una ventaja de ser presidente de Mesa en una jornada electoral es que no puedes estar al tanto de cómo evoluciona la noche desde la aparición de los primeros sondeos a pie de urna hasta la consolidación de los resultados definitivos. Así, después de contar los votos de los diferentes partidos y candidatos al Congreso y al Senado y de llevar los sobres correspondientes a la Ciudad de la Justicia conecté con los medios de comunicación que transmitían el final de la jornada.

Y este final consistía en la intervención del presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy, ante sus seguidores concentrados en la puerta de la sede del PP, en Madrid.En esa sede ha pasado de todo en los últimos años: empresas que han trabajado allí cobrando en negro, reparto a chorro de sobres llenos de dinero también en negro entre los dirigentes del partido, tesoreros que se llevaban el dinero a escondidas al extranjero, presidentes del partido que animaban a estos tesoreros a ser fuertes a pesar de que los habían llevado a la cárcel por sus trapicheos, …

Da igual, militantes y simpatizantes del PP no aflojan y consiguieron que este partido incrementara su número de diputados y votos en las elecciones generales repetidas. No está claro que pueda continuar gobernando pero lo tiene más cerca que antes de hacer el recuento de votos, el domingo.

Y el sonido y las imágenes que me llegaban desde la sede popular me recordaban aquellos gritos de «Pujol, enano, habla castellano», emitidos en el mismo lugar, cuando por primera vez el PP superó al PSOE en votos, en las elecciones de 1996. Entre cánticos de «yo soy español, español, español» me temía que, en cualquier momento, se lanzaran a gritar «Puigdemont, enano, habla castellano». No lo hicieron, lo cual no es óbice para que independentistas como el actual presidente de la Generalitat hayan interpretado el resultado de las elecciones como una demostración de que la separación de Cataluña del resto de España es ahora más necesaria que nunca.

Pensaba, escuchando aquel griterío, que lo que hace falta, más que nunca, es un PPexit. Pero, misteriosamente, muchos españoles se empeñan en complicarlo. Casi ocho millones lo han expresado con el voto a este partido.

¿Servirá de algo que diez millones y medio hayan votado por el PPexit depositando papeletas socialistas y de Podemos en las urnas?

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