CDC: Crónica de una muerte anunciada y una resurrección imposible

Ya está. Convergencia Democrática de Cataluña ha muerto. Se presentará a las elecciones del próximo 26 de junio para obtener sus últimos diputados y diputadas. Hacía tiempo que se veía venir. Hay que reconocer el mérito de Artur Mas y la dirección de CDC para mantenerla en vida contra toda lógica.

La autopsia del cadáver detecta dos causas de la muerte: la confesión de Jordi Pujol que durante más de treinta años tuvo dinero escondido en el extranjero y la conversión de CDC a la fe independentista declarada. De otras heridas habría podido recuperarse. El 3% al descubierto no era nada saludable pero, probablemente, no era una enfermedad mortal. Basta con observar el increíble caso Palau, que se juzgará cuando CDC no exista y la mitad de sus implicados estén igualmente muertos. Si es que algún día se llega a juzgar, claro. Que quizás se acaba perdiendo el sumario en los juzgados o la independencia llega y acaba considerándolo un pecado de juventud de los héroes que nos la habrán traído.

Ahora hay que ver si de la misma manera milagrosa que han conseguido aplazar la muerte de CDC muchos años, los mismos médicos son capaces de resucitarla con otro nombre e ideas parecidas.

Lo tienen muy difícil. La propuesta independentista mayoritaria ya no está en sus manos. Y para ocupar el centro político ya hay otras opciones. Jordi Pujol ni está ni se le espera. Y todos los comentaristas que han cantado las alabanzas de CDC mientras les comportaba subvenciones y buenos sueldos a fin de mes se pondrán rápidamente al servicio de los nuevos propietarios de la repartidora.

Aún queda algún tertuliano brillante que confía en que Mas obre el milagro y vuelva a la escena política con un nuevo partido que entusiasme a Cataluña. También el Alcoyano perdía por diez a cero y pedía prórroga. Pero todo el mundo se reía.

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