La industria del cerdo destroza Cataluña

El sector ha experimentado una fulgurante expansión en los últimos años y actualmente hay 6,8 millones de cabezas
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Cataluña es un país de cerdos: hay censados 6,8 millones en las más de 6.000 granjas que hay dispersas por el territorio, casi tantos como personas. El sector está controlado por muy pocas manos, la llamada aristocarnia -los grupos Vall Companys, Tarradellas, Corporación Alimentaria Guissona, Baucells, Ramisa…-, que han destruido las tradicionales explotaciones familiares y, en los últimos años, han impuesto un sistema de integración vertical, con el que controlan toda la cadena de producción: el pienso, las granjas y los mataderos.

El aristocarnia actúa sin ningún tipo de escrúpulos y, con la complicidad de la Generalitat -que no para de dar permisos para ampliar o abrir granjas-, ha convertido Cataluña en su finca particular. Para hacernos una idea del negocio: cada año son sacrificados en los mataderos industriales catalanes unos 19 millones de cerdos (¡90.000 cada día!) y la producción llega a los 1,5 millones de toneladas de carne, que en su mayoría se destinan a la exportación. Más: la industria cárnica representa el 3% del PIB catalán y es, después del turismo, el principal motor económico del país.

De este modo, Cataluña se ha convertido en la primera zona de producción porcina del Estado español que, a su vez, es, junto con Alemania, la primera potencia europea de este sector. Cataluña compite de tú a tú con los grandes centros productores de carne de cerdo, como Holanda, Dinamarca, Bretaña, Sajonia, Flandes o Renania.

El eje porcino
La obtención de carne industrial de cerdo es uno de los sistemas más insostenibles y agresivos que existen para nutrir a la población. En el caso de Cataluña, la mayor parte del pienso (cereal, maíz, soja…) se importa de América Latina. Los animales, que son sacrificados a los seis meses de nacer, reciben altas dosis preventivas de antibióticos para que no enfermen. Sus deyecciones son altamente dañinas por la presencia de nitratos y son empleadas «alegremente» para abonar los campos, lo que provoca su filtración a los acuíferos y la contaminación irreversible del agua. Las condiciones de trabajo en los mataderos son salvajes, como ha puesto de relieve la huelga de Esfosa en Vic (ver EL TRIANGLE n. 1208), con la explotación semiesclavista y fraudulenta de una legión de inmigrantes.

La ambición desmesurada de la aristocarnia catalana para expandir sus negocios ha condenado a algunas comarcas a una situación medioambiental crítica. Las granjas -que actualmente suelen superar las mil reses- se concentran en la zona del Eje Transversal, que se ha convertido en el Eje Porcino y es una autovía gratuita para los camiones.

LEE EL REPORTAJE COMPLETO EN LA EDICIÓN EN PAPEL DE EL TRIANGLE DE ESTA SEMANA

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