Se busca personal sin experiencia

Atónita por las dificultades que está teniendo este gobierno para encontrar personal mínimamente preparado que no nos haga enrojecer de vergüenza al leer sus escasos méritos profesionales, estoy dispuesta a sacrificarme por la causa. Es una lástima que no tenga ningún conocido que me pueda recomendar para una dirección general o una secretaria porque esto complica un poco las cosas, pero no me importa esperar al presidente Junqueras en la puerta de su consejería para entregarle mi currículum y ofrecerle mis servicios a un módico precio y renunciando, si hace falta, al coche oficial.

Estas semanas se están nombrando –a dedo como es tradición- los cargos de segundo y tercer orden del gobierno catalán. Leo sus currículums y confirmo que Cataluña no llega ni a la altura de los zapatos de las democracias modernas por mucho que algunos nos intenten convencer que estamos construyendo un país tan increíble que incluso los suecos nos tendrán envidia. ¿Qué se puede esperar de un gobierno que nombra como adjunto a la Secretaria de Participación Social y Local al hijo de un cantautor o como Secretario General del Deporte a un joven convergente que destaca por ser un deportista federado en tenis y futbol?

El reparto de poltronas por cuotas es el de siempre y confirma el sectarismo de los partidos catalanes aunque ellos siempre hablen de su sacrifico por la patria. Durante los 23 años de paz de gobierno pujolista no nos preocupábamos de quién substituía al decapitado de turno porque no hacía falta: todos vivíamos en un estado cataléptico convencidos de que no había nada mejor. A algunos, la destrucción de neuronas provocada por el deslumbramiento producido por la pareja Pujol-Ferrusola todavía les dura. Otros han recuperado un poco la cordura, pero no del todo. No se me ocurre ninguna otra explicación que justifique por qué siguen votando a los mismos aunque se escondan detrás de unas siglas diferentes o cómo creen que algun día seremos independientes empezando la casa por el tejado.

La paz de espíritu que daba la guillotina pujolista se acabó cuando aterrizó en la Generalitat el tridente formado por Maragall, Carod y Saura. Sin embargo, lo peor no fue el reparto de cromos del tripartito, una práctica que se va perfeccionando con el paso del tiempo, sino la angustía vital que creó en algunos de los socios de gobierno la falta de culos para calentar las sillas asignadas. La situación era tan dramática que los pobres Carod-Rovira y Benach tuvieron que pedir ayuda a sus hermanos mientras que los ecosocialistas acabaron ofreciendo sin éxito cargos hasta al vecino fumeta del tercero segunda.

Desde aquel glorioso tripartito, que pasará a la historia por la cantidad de periodistas que desquició definitivamente, la distribución del gobierno en función de las siglas es una constante y una vergüenza. La única cosa que me consuela es comprobar que no soy la única que se indigna. Hace unos días el periodista Jordi Basté reclamaba a CDC y ERC que dejasen de repartirse los cargos «porque era muy feo». En este caso, Basté ser refería a los compañeros de profesión que, una vez comprobada su independencia y su profesionalidad, han aterrizado en las direcciones de los medios de comunicación públicos para continuar adoctrinando a las masas.

Mientras espero cómo resuelven convergentes y republicanos el delicado tema de la dirección de TV3 sin salpicar de sangre las paredes del despacho del hijo del pastelero con cabellera Just for men, centraré mi interés en la política española, últimamente mucho más divertida que la catalana, tan previsible últimamente. El socialista Pedro Sánchez se tendrá que esforzar mucho para quitarme de la cabeza la imagen de Bertín Osborne y Ana García Obregón haciendo el helicóptero, pero todo apunta a que lo conseguirá con este ménage à trois político tan estrambótico que pretende.

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