Collboni, tú tampoco

Jaume Collboni

Ha pasado un lustro, que en política contemporánea es mucho tiempo, desde que Jaume Collboni se presentaba como una sorpresa agradable a los periodistas que frecuentábamos la sede del PSC de la calle Nicaragua de Barcelona.

De pasado sindicalista, Collboni aterrizaba en ‘can PSC’ como flamante director de campaña de José Montilla, en sustitución del polémico José Zaragoza. El joven dirigente se desmarcaba de las campañas agresivas contra CiU y el PP de su sucesor, y anunciaba que apostaría por «confrontar modelos y no personas».

Los titulares de la prensa del día siguiente de la presentación aplaudían el supuesto cambio de rumbo del PSC. Después, la campaña y las declaraciones posteriores de los dirigentes socialistas se encargarían de dejar en papel mojado la primera puesta en escena del nuevo estratega.

Declaraciones de intenciones que nunca se tradujeron en acciones, incumpliendo de este modo el conocido eslogan socialista ‘Hechos y no palabras’.

Collboni fue el primer intento de disfrazar la vieja dinámica de partidos en nueva política. El proyecto fallido de modernizar los engranajes del llamado ‘aparato de las formaciones’ para intentar combatir la desafección de la ciudadanía con la clase dirigente. Maquillaje.

Conozco a Collboni y no dudo en absoluto de sus buenas intenciones. Pero es evidente que los despachos de la calle Nicaragua se lo tragaron desde el mismo día de su presentación. Hasta el punto que el hoy regidor socialista del Ayuntamiento de Barcelona ha sido imputado, investigado o encausado (o como quiera llamarlo el ministro Catalá) por, presuntamente, presionar a miembros del Consejo Audiovisual de Catalunya (CAC) para que concedieran un canal de televisión a Nicola Pedrazzoli, propietario de Canal Català.

Una pieza, la 29ª del Caso Mercurio, por la supuesta comisión de tráfico de influencias, que amenaza con destapar las vergüenzas y desmaquillar la operación ‘nueva política’ orquestada por la vieja guardia socialista.

CODA:
El CAC responde al viejo modelo de organizar las instituciones públicas catalanas desde los despachos de los partidos políticos. Es una lástima que un ente que tendría que velar por la neutralidad de los medios de comunicación (y que maneja un presupuesto millonario) sea noticia sólo por los rifirrafes de sus consejeros.

Pero está claro, ¿qué se puede esperar de alguien propuesto y escogido directamente por los mismos partidos, que defienda los intereses de otra formación? Que denuncie los contenidos que cree tendenciosos si van en contra de los intereses de su partido?

Vieja política.

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