Un ejército de trabajadores pobres

Cada vez que las asociaciones vecinales de Barcelona es manifiestan contra la masificación turística se abaten sobre la ciudad las siete plagas del Apocalipsis y tiemblan los cimientos de las catedrales del dinero fácil. Los fondos de inversión afilan sus uñas de buitres inmobiliarios y de la mano de algunos medios de comunicación, que actúan descaradamente como altavoces, disparan su veneno a diestro y siniestro. Criticar la gestión del turismo e intentar poner orden es, para ellos, un pecado mortal y quien lo hace es tildado de ignorante. Es ir contra la economía y contra el empleo, graznan.

Sólo hace falta pasear por las Ramblas o por los alrededores del templo de la Sagrada Familia para comprobar cómo el turismo desbocado estimula la iniciativa particular con negocios de largo recorrido como hoteles, bares, restaurantes y tiendas de recuerdos. Y si hablamos de los miles de puestos de trabajo que esta actividad genera, no olvidemos mencionar su calidad: camareros, recepcionistas y dependientes con contratos parciales y sin ninguna posibilidad de consolidar el trabajo porque la temporalidad es la que manda. Quien diga que el turismo no revierte en la ciudad, ni que sea negativamente, miente.

De ejemplos tenemos de sobras. El tramo del paseo de San Juan entre la plaza Tetuán y la avenida Diagonal antes era un desierto, pero gracias a la reforma del gobierno Trias, heredada del anterior ejecutivo Hereu, ahora ha resurgido de las cenizas con las decenas de bares, panaderías de diseño a precios astronómicos y restaurantes de tapas que están abriendo uno al lado del otro. Cuando pregunto a los propietarios porqué no han escogido otra actividad económica que no tenga tanta competencia y sea más provechosa para los vecinos, la respuesta es siempre la misma: esto es lo que busca el turista.

Por suerte, todos aquellos que abominen del turismo descontrolado que destroza los barrios tienen ahora un nuevo argumento para hacer frente a los que les acusan de no ser modernos. El Ayuntamiento de Barcelona ha presentado hace pocos días un informe sobre la actividad turística en la ciudad que confirma el alto índice de temporalidad de la ocupación en este sector económico. Se ha acabado eso de decir que el turismo genera trabajo para justificar tantas barbaridades. Ahora ya se les puede responder que defender una ocupación precaria que no permite a los trabajadores vivir con dignidad es de miserables.

El informe también constata la evolución al alza del número de turistas y de pernoctaciones, sobre todo en pisos de uso turístico, y recoge que el 79,1% de los barceloneses consultados cree que la ciudad está llegando a su límite de capacidad y que hace falta regular este sector. El comportamiento incívico, el ruido, los apartamentos turísticos y el colapso de algunas zonas de la ciudad son las razones más repetidas por los encuestados para justificar la necesidad de plantear un nuevo modelo turístico, tal y como ha defendido el gobierno de Ada Colau.

La brutal campaña de desprestigio de algunos medios de comunicación contra BComú por haber aprobado una moratoria turística hace sonrojar de vergüenza a los que nos dedicamos a la profesión periodística y explica porqué diarios como La Vanguardia han perdido su credibilidad y están en caída libre a pesar de las jugosas subvenciones anuales que reciben del gobierno de Artur Mas. El concejal de Turismo, Agustí Colom, ironizaba sobre el tema durante la presentación del informe. «Los datos dicen que este verano el turismo ha seguido creciendo, a pesar de los que auguraban que la llegada del nuevo gobierno sería una hecatombe», constató.

La hecatombe es no poder salir del portal de casa porque un alud de turistas te cierra el paso. La hecatombe es intentar dormir con el ruido constante de las terrazas bajo tu ventana. La hecatombe es intentar comprar una docena de huevos cuando todo el comercio que te rodea vende camisetas del Barça y muñecas vestidas de sevillana. Naturalmente, los promotores turísticos que viven en Pedralbes o Sant Cugat y que nos acusan de ignorantes no tienen ni idea. Ellos sólo estimulan la economía creando un ejército de trabajadores pobres y aumentando las desigualdades sociales desde sus lujosos despachos.

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